“Durante varios años la comunidad de paz vivió una situación de terror”

Durante el 20 aniversario de la Comunidad de Paz de San José de Apartadó, PBI habló con el Padre Javier Giraldo, sacerdote jesuita comprometido con las comunidades rurales, muchas de ellas olvidadas en medio de la violencia y el conflicto armado interno. El Padre ha caminado al lado de la Comunidad de Paz desde su creación un Domingo de Ramos de la Semana Santa de 1997. Recuerda aquel día de la fundación, el ciclo de brutal violencia en contra de los líderes de la Comunidad, la organización de la resistencia, el hambre que sufrieron como consecuencia de la matanza de los tenderos y los bloqueos económicos.

Padre Javier Giraldo: “En el año 1996 yo estaba coordinando la Comisión Intercongregacional de Justicia y Paz y una de las actividades que teníamos en la Comisión era acompañar grupos de desplazados. A finales de 1996 dejamos un acompañamiento que teníamos en Barrancabermeja porque allá había muchas Organizaciones No Gubernamentales que estaban acompañando y veíamos que en esta región de Urabá había muchos desplazados, pero no había quien acompañara.

Entonces organizamos un equipo en Turbo para acompañar a los desplazados que venían del Chocó. En ese momento, el obispo de Apartadó nos pidió que le diéramos una asesoría a un grupo de campesinos de San José que tenían la intención de declararse públicamente como comunidad neutral. Esa fue una propuesta que les hizo el obispo Duarte Cancino, que después fue asesinado en Cali. Y empezamos a organizar unos talleres con este grupo de campesinos, en San José, sobre el Derecho Internacional Humanitario para ir preparando como esta declaración de Comunidad Neutral.

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Uno de los hechos que más impactó en la Comunidad fue la masacre del 21 de febrero de 2005. Ese día fueron asesinadas y descuartizadas ocho personas en las veredas Mulatos y La Resbalosa.

Bueno, el Obispo que sucedió a Monseñor Duarte Cancino, Monseñor Tulio Duque, se le ocurrió reunir a Comunidades Indígenas y Campesinas que estaban pensando en esto de la neutralidad, porque realmente el nivel de violencia en toda la región era aterrador. Y la idea era ¿Cómo salirse de la guerra, cómo exigir los derechos de la población civil en medio de la guerra y afirmar, muy públicamente, que estos grupos campesinos e indígenas no estaban en la guerra y que los respetaran como: No combatientes?

Entonces la primera Comunidad que se creó fue la Comunidad de San José, el 23 de marzo del año 1997. Ese día era el Domingo de Ramos, de la Semana Santa y al Obispo se le ocurrió que ese día teníamos que inaugurar la Comunidad de Paz porque estaban aquí en la región, un grupo de parlamentarios holandeses y del Parlamento Europeo, para que fueran testigos. Entonces él hizo una ceremonia, asistieron estos parlamentarios, se hizo pública la proclamación de la Comunidad y los campesinos firmaron un Acta. Pero en esa misma semana, el Miércoles Santo empezó una arremetida brutal contra la Comunidad, contra los que habían firmado. Los Paramilitares iban visitando las veredas y obligando a los campesinos a abandonar la tierra y les decían que tenían cuatro o cinco días para salir y si no los iban a matar. Y, de hecho, mataron a muchos campesinos para demostrar que estaban hablando en serio. Entonces esa fue una semana de sangre, terrible y todo el mundo se desplazó, pues no todas las veredas, quedaron más o menos cinco veredas con alguna población, pero los demás huyeron y unos se fueron lejos. Pero mucha gente, sobre todo los que no querían abandonar su tierra de una manera definitiva, se congregaron en el caserío de San José. Y la gente que vivía en el caserío, que también había firmado la declaratoria, la mayoría se había ido, muertos del miedo.

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Una preocupación central es el fortalecimiento de los grupos armados ilegales surgidos tras la desmovilización de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC).

Entonces el caserío estaba prácticamente vacío y en cada casa se acomodaron diez o quince familias, en un hacinamiento terrible y ahí hubo un pacto de resistencia. Yo creo, fueron entre ochocientos y mil campesinos que decían: Optamos por no dejarnos quitar la tierra y vamos a organizar la resistencia, incluso a muchos los invitaron a que huyeran de ahí, la misma alcaldesa de Apartadó, Gloria Cuartas, les ofreció mandar camiones para que los transportaran lejos. Ellos dijeron que no, que no querían dejar su tierra.

Y a los ocho días yo subí con algunos de la Comisión de Justicia y Paz, el espectáculo era aterrador, porque por el estrés, por la situación, la mayoría de la gente estaba enferma, tenía paludismo, la mayoría de los niños estaban enfermos, no había nada qué comer, teníamos que subir mercados muy precarios y la gente organizaba unas ollas comunitarias que no alcanzaban para todo el mundo. Alimentaban primero a los niños, muchos adultos se quedaban sin comer, era una sola comida al día y el terror era muy grande porque los paramilitares estaban alrededor del caserío, siempre amenazando con asesinarlos a todos.

Lo que se vivió allí en esos primeros meses fue terrible. Y recuerdo que esa primera semana, a los ocho días cuando yo subí, un grupo de líderes me rodeó ahí, junto a la capilla y me dijeron: Nosotros estamos agradecidos con la Comisión de Justicia y Paz por todo lo que nos ha ayudado a preparar esta declaratoria y demás. Pero eso no es suficiente, nosotros necesitamos un acompañamiento veinticuatro horas al día, porque si no nos acompañan, la mayoría de la gente se va a ir. Entonces yo tenía mucho temor porque realmente entrar a San José, en ese momento, era arriesgar la vida. Había enfrentamientos armados a todas horas, uno oía disparos por todas partes, las amenazas eran permanentes y la situación de la gente demasiado precaria.

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Desde su surgimiento la Comunidad ha soportado bloqueos económicos.

Entonces yo, el equipo de Justicia y Paz lo teníamos en Turbo, yo esa noche llegué a Turbo y expuse a situación al equipo de religiosas, religiosos y laicos que teníamos allí y les dije que el que quisiera ofrecerse para acompañarlos, permanentemente, pues lo pensara muy bien porque realmente entrar ahí era arriesgar la vida muy, muy fuertemente. Y esa misma noche Eduard Lancheros que se había retirado hacía poco de la comunidad salesiana, me dijo: Yo me voy ya para allá. Yo le dije no, piénselo mejor, no me lo diga hoy, dígamelo mañana y me dijo: No, ya he tomado la decisión. Y al otro día se vinieron tres personas del Equipo: Una religiosa española, Eduard y una, también, ex-religiosa colombiana que se acaba de retirar de su Comunidad y estuvieron acompañándolos de manera permanente, veinticuatro horas al día. Esa experiencia fue muy, muy difícil, muy dura porque realmente los Paramilitares rodeaban el caserío, no había comida.

Entonces se iban un grupo de veinte, treinta personas a cosechar en las fincas más cercanas en donde habían dejado algo sembrado, algo de maíz, algo de fríjol para hacer algo de comida. Pero tenían que salir unidos de las manos todos, como formando un solo grupo, porque los Paramilitares los rodeaban en el camino, con las armas apuntadas. Y por la tarde regresaban cogidos de las manos, también, con mucho temor, a cocinar lo poco de comida que traían.

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En diciembre de 1997 la Comisión Interamericana de Derechos Humanos solicitó la adopción de medidas cautelares en favor de los miembros de la Comunidad de Paz de San José de Apartadó.

Y entre esos días, pues, había muchos muertos, casi que una tarea diaria era ir a recoger cadáveres que dejaban en las cercanías. Entonces cuando bajaban al pueblo los chiveros, siempre había un retén paramilitar saliendo de Apartadó, en ese sitio que llamamos Tierra Amarilla y allí siempre los paramilitares paraban a los chiveros. Y tenían una lista de gente para matar, les pedían los documentos y si encontraban a alguien que estaba en la lista lo sacaban del chivero y lo asesinaban en la misma carretera o se lo llevaban un poco más allá y lo asesinaban. Era realmente una situación de terror, lo que se vivió muchos meses, yo diría años, porque esto duró varios años.

Entonces en ese momento, pues la Comisión de Justicia y Paz entró como en una alianza con este proyecto. Eduard que en ese momento representaba a la Comisión con las otras personas, fue una persona clave para conducir esa situación tan difícil. Él les ayudó a organizarse por manzanas, por grupos de familias, a construir un reglamento para vivir en medio de la guerra y ese reglamento fue construido artículo por artículo con participación de todas las familias, ahí se tomó la decisión que hasta niños de doce años podían votar y participar. Y a cada uno de los artículos del reglamento se le daban varias rondas para que fuera algo muy asimilado por la misma Comunidad.

Y así se construyó ese reglamento, y no solamente era para protegerse de la muerte, pues, que estaba rondando todos los días, si no también fueron descubriendo que allí podían ir construyendo una Comunidad diferente, que llamaron una Comunidad en Resistencia y una Comunidad donde el sentido de comunidad era muy fuerte, había trabajos comunitarios, se empezó a pensar en la propiedad comunitaria de la tierra. En fin, se fue construyendo una comunidad alternativa, poco a poco y allí se empezó a pensar también en cómo recuperar los terrenos de donde habían sido expulsados por los bombardeos y por la acción de los Paramilitares.

Y al año, o sea, el 23 de marzo del año 1998 se organizó el primer retorno, que fue el retorno de la Unión, fue un retorno con muchas familias y con mucho acompañamiento. Y hay algunas imágenes de ese retorno, realmente eso fue un acontecimiento que empezó a crear como optimismo en la Comunidad y les empezó como a dar confianza en sí mismo, no, en lo que estaban haciendo, en esta resistencia.

Claro la comunidad de La Unión después tendría que desplazarse como otras tres o cuatro veces porque los Paramilitares iban a amenazarlos, en una ocasión hicieron una masacre terrible, de seis líderes de La Unión, el ocho de julio del año 2000 y en varias ocasiones pues tuvieron que desplazarse, pero retornaban después.

Y después hubo otros retornos también a la vereda Arenas, a la vereda La Esperanza. Entonces fueron recuperando esos terrenos de donde fueron expulsados, pero, sin embargo, la matanza de gente del grupo de la Comunidad continuó muchos años. Incluso en el año 2001 hasta el 2003 más o menos, hubo un intento de desplazarlos o aniquilarlos por hambre, con un cerco de hambre, porque primero asesinaron a cuatro conductores de chiveros, con la intención de que ningún chivero se atreviera a volver a San José a traer alimentación. Entonces lo lograron, realmente después ningún chivero se atrevió a volver.

Después asesinaron a cuatro que tenían tiendas en el caserío, fue la masacre de los tenderos, una noche, en el 1999 creo que fue y esas tiendas, hubo que cerrarlas. Y después empezaron a asesinar a todos los que tenían alguna venta de alimentos o de gaseosas o de agua, en ese trayecto entre Apartadó y San José, que son doce kilómetros, ahí fueron asesinando a todo el que vendía alimentación, hasta que realmente se produjo una situación de hambre, de hambre terrible.

En ese momento llegó un nuevo Obispo a Apartadó y él escuchó la información sobre el hambre que se estaba padeciendo, él quiso comprobarlo personalmente y se vino a pie desde Apartadó, mirando si había alguna posibilidad de conseguir comida y comprobó que era imposible. Entonces llenó un camión con auxilios de la Cruz Roja o de otras entidades, un camión de alimentación y lo envió allí.

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Padre Javier Giraldo

Pero la Comunidad tomó este desafío, digamos, del cerco de hambre para pensar en otra dimensión del proyecto comunitario, que era la soberanía alimentaria. Entonces empezaron a sembrar allí mismo, cerca del caserío los elementos más importantes de la dieta alimentaria. Ellos escogieron cuatro elementos que eran el maíz, el arroz, el fríjol y la caña de azúcar y empezaron, aunque no tenían mucha experiencia, habían cosechado, cultivado mucho el maíz y el frijol, pero lo otro no, y realmente tuvieron éxito.

Y pudieron sostener una mínima dieta alimentaria y también cuando salían a vender algo de lo que les sobraba, en Apartadó, se iban todos en grupo, todos juntos, con acompañamiento también Internacional, para evitar que los asesinaran en el camino, porque era el momento del cerco de hambre.

Entonces todo esto fue un aprendizaje y un ir construyendo como un modelo de Comunidad Alternativa, muy poco a poco. Yo creo que Eduard fue una persona que condujo mucho este proceso y ellos lo identificaron como un líder, un asesor, estuvo quince años, en veinticinco ocasiones que las tenemos registradas, intentaran asesinarlo y la misma Comunidad lo protegía, lo escondía, lo sacaba por otros caminos, en fin. Hasta que finalmente sufrió un cáncer y murió, murió hace cuatro años.

Y así, la Comunidad ha ido construyendo, también, no solamente con ideas de trabajo comunitario si no también con rupturas, porque en los primeros años confiábamos todavía en la justicia, creíamos que si se llevaban los casos a las instituciones de justicia se podría frenar un poco el nivel de crímenes que se cometían contra la Comunidad. Pero esa misma experiencia de ir a la justicia, llevar y llevar testigos nos demostró de una manera directa y contundente que la justicia era una Institución supremamente corrupta y que estaba era al servicio de la impunidad, entonces se llegó a una ruptura con la administración de justicia.

Luego se mantuvo una interlocución con otras instituciones del Estado, sobre todo por impulso y por presión de la Corte Interamericana de Derechos Humanos que siempre nos pedía que tratáramos de dialogar con las instituciones para encontrar caminos de protección.

Pero ese diálogo también se fue agotando, cada dos meses más o menos nos reuníamos con un número grande de instituciones, de varios Ministerios, la Fuerza Pública, los Órganos de Control y eso no produjo ningún resultado de protección.

Entonces también hubo una ruptura con las instituciones del Estado, de ese diálogo, sobre todo después de la masacre del año 2005, que fue una masacre muy, yo diría que fue el momento más doloroso y más traumático para la Comunidad, porque allí asesinan a uno de los líderes históricos de los fundadores de la Comunidad, que, a mi juicio, era como la persona en que más confiaban, que era el líder en que más confiaba la Comunidad. Lo asesinan con su compañera y con uno de los hijos y al mismo tiempo a otra familia de la Comunidad, en La Resbalosa. Esa masacre, yo creo que marcó como un punto de no retorno, como que hizo pensar a la Comunidad: Ya hemos pagado un precio de sangre excesivo y ya no volvemos atrás”.

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