Cacao para sembrar vida

La tierra es extremamente fértil en las montañas de San José de Apartadó y desde que, en los años setenta, los campesinos colonos llevaron las primeras semillas del árbol de cacao hasta esta región ubicada en el Urabá, noreste de Colombia, ha quedado un territorio cacaotero. Pero durante los años noventa el Urabá recibió duros golpes de la guerra con la toma paramilitar, con los asesinatos de líderes y lideresas y con los desplazamientos forzados, lo que provocó que los árboles de cacao se secaran porque la guerra también impacta y daña la naturaleza. Poco a poco, cuando el campesinado retornó a sus tierras, retomaron el cultivo del cacao en grupos de trabajo. Hoy día, sienten orgullo de contar con una producción de setenta toneladas al año de un cacao 100% orgánico que llaman Chocopaz y que se está dando a conocer por todas partes del mundo por su calidad y por lo que significa: una economía campesina alternativa.

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Hasta los sesenta la región era poco conocida, selvático, de difícil acceso.

El cacao en Urabá

Las plantas del cacao fueron cultivadas en el Urabá por comunidades indígenas. Hasta los sesenta la región era poco conocida, selvático, de difícil acceso. Luego construyeron la carretera Medellín – Urabá y llegaron campesinos de otras partes a explorar y cultivar esa tierra; muchos llegaron con semillas de cacao que produjeron para su consumo propio. Para la venta y el sustento cultivaron café, pero no era de buena calidad debido a la humedad que guardan estas montañas y como la Federación Cacaotera de Colombia y la Caja Agraria impulsaron la producción del cacao y ofrecieron créditos, el campesinado decidió reemplazar las plantas del café por más cacao[1]. Se organizaron en cooperativa, los de San José crearon la de Balsamar en 1985, que tuvo el apoyo político de la Unión Patriótica (UP) y recibió financiación de un proyecto de la cooperación internacional de Holanda[2].

Bloqueos económicos

Pero las comunidades han tenido que superar muchos obstáculos para crear la economía del cacao de la que viven hoy día. En los años noventa llegaron los paramilitares al Urabá, sembrando el terror y asesinaron a los líderes locales, miembros de la UP y de la Cooperativa, también al fundador del pueblo de San José, Bartolome Cataño[3]. Fue un golpe duro para la vida campesina en San José, mucha gente abandonó sus tierras.

En 1997 los campesinos y campesinas crearon la Comunidad de Paz de San José de Apartadó; muchas familias compartieron una sola casa, amenazadas por los actores armados ilegales – guerrilleros y paramilitares – no podían salir de su caserío, así que comenzaron a crear grupos de trabajo para salir juntas al campo a sembrar y cosechar los cultivos. Para ellas era la única estrategia a mano para protegerse, para evitar que algún grupo ilegal les desaparezca o les mate, algo que pasó  continuamente en esos días. Vivían con la esperanza de que no iban a matar a un grupo grande de campesinos que se desplazase a sus tierras.

Roviro López
Roviro López

Constantemente, los grupos al margen de la ley imponían bloqueos económicos, se paraban en puntos estratégicos en las trochas y prohibían el paso de alimentos o de cualquier mercancía, bajo la amenaza de asesinarle si volvían por allí.  Entre 2001 y 2002 hubo uno de los peores bloqueos, durante meses prohibieron en la carretera entre Apartadó y San José el paso de alimentos: “nadie podía ir al pueblo a comprar porque no lo iban a dejar pasar con su comida”, recuerda Roviro López, miembro de la Comunidad. En esa época cientos de personas que se arriesgaron a comprar comida fueron asesinadas. Hubo mucha hambre. Cada vez más la Comunidad vio lo importante que era organizarse y cultivar su pancoger, ser autosostenibles y así empezaron a crear grupos de trabajos comunitarios de la tierra.


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Tierra colectiva

Cuando volvieron a sus tierras arriba en las montañas a partir de 2006[4], la Comunidad de Paz compró terrenos en varias veredas del corregimiento de San José. Son tierras colectivas que pertenecen a toda la comunidad pero para organizarse mejor están divididas en parcelas y cada grupo de trabajo y núcleo familiar cultiva y cuida un terreno.

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Foto: Alejandro González I PBI Colombia

Los árboles de cacao habían sobrevivido a la guerra y al abandono de tantos años y los campesinos llevaron sus semillas para sembrar más[5]. Vieron crecer el cacao, vieron cómo los árboles dieron su fruto, su mazorca, dos años después. Es un trabajo largo y de mucho cuidado de la planta. Hay dos cosechas al año, la más grande siempre entre octubre y diciembre, y otra, más pequeña, que llaman la “post-cosecha”, de abril a junio. Cuando la mazorca está madura la cosechan, la quiebran, sacan los granos, los colocan en un balde y los llevan a sus casas donde tienen cajones para fermentarlos; proceso que dura de cinco a siete días. Luego, los dejan secar al sol durante cuatro o cinco días para quitarle la humedad al grano. Hacen una selección donde eliminan los granos partidos o mohosos y empacan todo en sacos y los llevan a la bodega de la Comunidad para la venta.

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Cada grupo de trabajo vende su producción de cacao a la Comunidad de Paz. El precio del kilo está decidido bajo los estándares de valor negociado con el cliente. Hoy en día la Comunidad tiene unas 125 hectáreas dedicadas a este cultivo y produce setenta toneladas de cacao.

Jesús Emilio Tuberquia
Jesús Emilio Tuberquia: “Muchos seres humanos no saben cómo se cultiva el cacao, dónde se produce, quién lo produce, las dificultades que hay para producirlo y colocarlo en el mercado. Cómo se cultiva, desde recoger las semillas, la preparación del terreno, el mantenimiento de las plantas, todo el trabajo que se hace en la post-cosecha, la recolección hasta la fermentación, el secado, colocarlo en el centro de acopio; después cómo se maneja el transporte hasta llegar a Europa o a Estados Unidos. Para eso tenemos una programación, una coordinación interna, están los grupos de trabajo, está el grupo de seguimiento, el acompañamiento desde el Consejo Interno para todo este proceso, todo el trabajo que hay que hacer para tener una certificación orgánica; es un proceso muy largo”. Foto: Alejandro González I PBI Colombia

Con una parte de la cosecha del cacao producen el chocolate, que es 100% de cacao, sin azúcar, sin químicos, producto que se llama Chocopaz. Toda la producción es acreditada por Ceres, una certificadora colombiana que viene cada año a evaluar los cultivos del cacao. Guardan unas barras para ellos y lo otro lo venden a quienes les gusta el chocolate orgánico. La Comunidad vende cada año 50 toneladas a dos grandes clientes en Alemania y Gran Bretaña. Las ganancias permiten a la Comunidad sostenerse económicamente, hacer construcciones, apoyar la educación y formación, y comprar aquello que no producen.

Nathalie y Bianca


Notas de pie:

[1] Gwen Burnyeat: Chocolate y Política: una contextualización etnográfica de la Comunidad de Paz de San José de Apartadó, Universidad Nacional de Colombia, 2015, p48-49
[2] Gwen Burnyeat: Chocolate y Política: una contextualización etnográfica de la Comunidad de Paz de San José de Apartadó”, Universidad Nacional de Colombia, 2015, p50
[3] Verdad Abierta, En San José de Apartadó ronda el miedo, 4 de mayo 2016
[4] El retorno a las veredas se da en varias épocas a partir del 2006 (en La Esperanza y Mulatos en 2008)
[5] Gildardo en Chocolate de Paz

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