“La pandemia rompe todo”, Berenice Celeita

Berenice Celeita habla con indignación sobre la pobreza y la violencia que evidencia a diario. Su largo camino por la defensa de los derechos humanos comenzó hace 35 años cuando estudió con el célebre abogado y sociólogo Eduardo Mendoza Umaña – un pionero en la defensa de los derechos humanos en Colombia – quien por los éxitos logrados, años más tarde fue asesinado.

En 1999 Berenice Celeita fundó Nomadesc, organización que conjuga las palabras “nómada”, que refleja la realidad de la población de las comunidades desplazadas, y “Desc”, sigla para los derechos económicos sociales y culturales. Foto: JulianMontoni

Desde entonces, Berenice Celeita no ha parado; en 1999 fundó Nomadesc, organización que conjuga las palabras “nómada”, que refleja la realidad de la población de las comunidades desplazadas, y “Desc”, sigla para los derechos económicos sociales y culturales. Ya son veintiún años que PBI acompaña a la defensora, comunicadora social y antropóloga forense.



“No puede ser que el tapabocas calle lo que está sucediendo”

Cuando Celeita habla sobre cómo la pandemia del Covid-19 afecta a las comunidades que llevan décadas viviendo en la pobreza tras haber sido desplazadas por la violencia, logra transmitir el dolor y la rabia que siente. A causa del Covid no tuvieron ni siquiera acceso a la posibilidad de un trabajo informal. “Literalmente se están muriendo de hambre”, relata Celeita pertubada por su situación. Ha sido difícil para Nomadesc acompañarlas este año porque paradójicamente, estas comunidades también perdieron el derecho a una asesoría sociojurídica.

Celeita no duda de que el Covid-19 no sea una enfermedad que haya que tomar de manera seria, pero considera que muchos de los decretos de emergencia emitidos por el gobierno “comprometen la defensa de la vida”. Al inicio de la pandemia, no les fue permitido acompañar a las comunidades en el territorio – algo esencial para el trabajo de Nomadesc. Mientras solicitaban al gobierno municipal un permiso especial para poder atender las solicitudes de las comunidades, optaron por la virtualidad, que es otro dolor de cabeza, no solo por la falta de conectividad, sino por temas de seguridad. “Como ustedes saben no es seguro porque muchos de nosotros estamos interceptados, nuestras llamadas están siendo escuchadas de manera permanente”, evidencia Celeita.

Esto no es una exageración; por su labor, los integrantes de Nomadesc han recibido innumerables amenazas a lo largo de los años. Celeita fue víctima de la llamada ‘Operación Dragón’, en la cual líderes sindicales, defensores de derechos humanos y dirigentes políticos del Valle del Cauca fueron objeto de un plan de asesinato y una campaña de desprestigio.

Operación Dragón

“Lo que hacemos es la protección de la vida y, por lo tanto, debemos tener unas mínimas normas de seguridad informática”, insiste, pero estas no están dadas. A pesar de que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos otorgó medidas cautelares a favor de Celeita y solicitó al Estado colombiano adoptar las medidas necesarias para protegerla, (esto sucedió en 1999), no ha recibido ningún tipo de escolta ni carro blindado del Estado. “Nos tocó buscar otras alternativas de protección en términos de transporte seguro y acompañamiento al territorio pero seguimos acompañando”.

Este octubre participaron en la Minga indígena, en la cual más de 7000 personas viajaron del suroccidente de Colombia hasta Bogotá, un viaje de 500 kilómetros, para hacer un llamado al gobierno nacional por la fuerte ola de violencia y asesinatos que viene creciendo en el país pero, sobre todo, en departamentos como Cauca, Nariño y Valle del Cauca. Uno de los logros más importantes fue la visibilización de hechos que están ocultos en el suroccidente colombiano, sostiene Celeita, y lamenta que “los medios de comunicación no transmiten la realidad que sucede en los territorios”.

Uno de los logros más importantes de la Minga indígena fue la visibilización de hechos que están ocultos en el suroccidente colombiano. Foto: Bianca Bauer

«De las casi 72 masacres que ocurrieron en Colombia a lo largo de este año, el 30% fueron cometidas en el suroccidente y la mayoría en el Cauca».


Celeita se muestra muy preocupada por la situación en esta parte del país y afirma que, de las casi 72 masacres que ocurrieron en Colombia a lo largo de este año, el 30% fueron cometidas en el suroccidente y la mayoría en el Cauca. A finales de 2019 inició una ola de crímenes en contra de la guardia indígena, que son autoridades territoriales que vienen desarrollando actividades de protección muy importantes. En octubre de 2019 la gobernadora indígena Cristina Bautista y cinco guardias indígenas que la acompañaron fueron matados a tiros en Cauca. “Estoy convencida de que somos más los que queremos la paz que los que quieren la guerra”, fueron las últimas palabras de la gobernadora.

A finales de 2019 inició una ola de crímenes en contra de la guardia indígena, que son autoridades territoriales que vienen desarrollando actividades de protección muy importantes.  Foto: Damien Fellous / Libre arbitre

No es una situación nueva

Hay una persecución histórica contra líderes y comunidades en esta región. Para Celeita, la violencia en el suroccidente está relacionada con los megaproyectos minero energéticos. “El Estado ha violado la consulta previa y esto ha generado pobreza, desplazamiento forzado y racismo estructural”. Además, tiene que ver con la proliferación de los cultivos ilícitos y el fortalecimiento de actores armados ilegales.

Celeita está preparada para dedicarse para siempre a la defensa de los derechos humanos si esto es lo que hace falta para que las comunidades víctimas de la violencia puedan vivir en paz e igualdad. La mujer con una sonrisa contagiosa continuará recorriendo el territorio en el marco de las mingas indígenas año tras año. ¿Por qué lo hace? “Porque creemos que la única posibilidad que tienen las comunidades, pueblos, sectores sociales, rurales y urbanos en Colombia para defender sus derechos es expresarse públicamente”.

Celeita está preparada para dedicarse para siempre a la defensa de los derechos humanos si esto es lo que hace falta para que las comunidades víctimas de la violencia puedan vivir en paz e igualdad. Foto: PBI Colombia

“Si no hay verdad, si no hay justicia, si no hay reparación integral, no hay garantías de no repetición. Y si no tenemos garantías de no repetición, la única oportunidad de defender la vida es salir y expresar lo que las comunidades han expresado: que las siguen violentando, que los siguen matando y que siguen luchando para que no haya un muerto más por la persecución a su labor de liderazgo social o de defensa de los derechos colectivos de las comunidades”.

Bianca Bauer

Deja un comentario