Trujillo: donde la memoria no se calla

Al llegar a Trujillo, municipio del Valle del Cauca que parece respirar tranquilidad en medio de montañas y una abundante vegetación, el escenario me cogió por sorpresa porque no pude evitar viajar a los recuerdos de mi infancia que guarda mi memoria sobre aquellos pueblitos mágicos del suroeste de Francia, que recorríamos en épocas estivales con mi familia.

Hace dos años, se rebautizaron cuatro lugares emblemáticos de Trujillo como “lugares de conciencia” con placas conmemorativas a las víctimas de la Masacre.
Hace dos años, se rebautizaron cuatro lugares emblemáticos de Trujillo como “lugares de conciencia” con placas conmemorativas a las víctimas de la Masacre.

Sin embargo, poco a poco, me fui encontrando con la crueldad que azotó a Trujillo y sus vecinos de Bolívar y Riofrío, entre los años 1986 y 1994, durante los cuales grupos paramilitares, narcotraficantes y miembros de la Policía y el Ejército Nacional mancharon el municipio con la sangre inocente de 342 personas, con actos de crueldad que van mucho más allá de lo que puedo llegar a comprender. Esta acción sistemática de aniquilamiento de la población civil, conocida como la tristemente famosa ‘Masacre de Trujillo’, se realizó en un contexto de lucha por el control de este corredor estratégico que da paso al Pacífico, en medio del cual la población estaba constantemente señalada de auxiliar a grupos de la insurgencia presentes en la zona.

Más de veinte años después de los hechos, los familiares de las víctimas, jóvenes y adultos, símbolos de valentía y de fuerza moral, junto con las Hermanas Maritze y Teresa, siguen reclamando justicia. Para estas personas, el costo por luchar para la preservación de la memoria ha sido y sigue siendo muy alto. Tan alto que, por ejemplo, hace dos años, las garras de la guerra se llevaron la vida de Alba Mery Chilito. Esta lideresa comunitaria, familiar de varias víctimas de la masacre de Trujillo, entre las cuales estaban su hija y su yerno, (y por lo que me comentó la gente que la conocía), era una mujer empoderada, emprendedora y llena de vida. Luchadora incansable y jardinera excepcional del Parque del Monumento a las Víctimas de Trujillo, solía recostarse sobre su árbol favorito después de haber sembrado flores en memoria de los centenares de personas desaparecidas, asesinadas o cuyas vidas se fueron apagando por pena moral. Hoy, este mismo árbol lleva el nombre de Chilito, como “símbolo de la memoria que no se calla a pesar del miedo”[1].

El jardín vertical “Chilito: un jardín hecho memoria” fue realizado el año pasado por el dúo artístico “Magdalenas por el Cauca” (Gabriel Posada y Yorlady Ruiz López) junto con el ingeniero forestal Martín Camilo Pérez y los familiares de las víctimas de la masacre.
El jardín vertical “Chilito: un jardín hecho memoria” fue realizado el año pasado por el dúo artístico “Magdalenas por el Cauca” (Gabriel Posada y Yorlady Ruiz López) junto con el ingeniero forestal Martín Camilo Pérez y los familiares de las víctimas de la masacre.

Recorrer las calles, plazas y rincones de Trujillo, compartir con su gente, leer y escuchar sus testimonios, ha sido una de las experiencias más impactantes y emotivas de mi vida y, en varias ocasiones, la agitación emocional fue tal que no pude contener las lágrimas. Por un lado, siento que es como si sus historias hubieran traído todo a la vida, recordándome que esta masacre realmente ocurrió en un pasado no muy lejano. Por otro lado, estoy tan asombrada por su gran determinación y su capacidad de sobreponerse a situaciones pasadas y actuales y de sembrar sus objeciones de esta forma tan digna.

Siempre tendré muy presente en la mente todos aquellos momentos de convivencia con los familiares de las víctimas. En este sentido, para mí, Trujillo también es doña Cecilia y sus deliciosas arepas, las risas de Consuelo en el Parque Monumento, los paseos en el campero de Miguel, la gran acogida en casa de Aurora, la audacia de la nonagenaria Emma, mi admiración por Ludivia quien gestiona el parque y comparte su historia a los visitantes,  el compromiso de Miyerlady y Conchita con el grupo de niños y jóvenes, hijos, nietos, hermanos y sobrinos de los desaparecidos y asesinados. Ellos sólo son algunos ejemplos de la larga lista de personas que tuve la inmensa suerte de conocer y de la cual llegué a encariñarme en tan poco tiempo.

Es difícil lograr imaginar cuánto sufrimiento se esconde detrás de tantas sonrisas y tanto cariño. Y es que esto es Trujillo: un escenario en el que se compaginan, en doloroso contraste, sufrimiento indescriptible y belleza natural y humana.

– Delphine Taylor

[1]http://sinolvido.justiciaypazcolombia.com/2014/02/alba-mery-chilito.html

3 thoughts on “Trujillo: donde la memoria no se calla”

  1. Un saludo fraterno para todo PBI.

    Gracias por el significativo artículo sobre AFAVIT, su gran sensibilidad y escucha que permea sus vidas y deja penetrar el dolor, la lucha, la resistencia de esta gente humilde y valiente…

    Hoy llegue de Barranca, el Encuentro fue muy valioso con 20 Organizaciones de victimas de diferentes municipios muy representativos. No pude ir a visitarlos, la Agenda plena! En Mayo volveré y prometo visitar al Grupo de Barranca.

    Un gran abrazo y gracias Delphine por su inspiración llena de ternura.

    Maritze

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