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Peace Brigades International (PBI) has carried out observation and international accompaniment in thirteen countries on five continents since 1981 and in Colombia since 1994.

Nueva convocatoria para encargado/a de informática y seguridad digital

Estimado/a amigo/a,

Peace Brigades International (PBI), Proyecto Colombia es una organización internacional no gubernamental que mantiene equipos de observadores y acompañantes internacionales en áreas de conflicto en el territorio nacional. Nuestro objetivo es proteger el espacio de trabajo de las organizaciones defensoras de derechos humanos y comunidades rurales en Colombia.

PBI Colombia abre la convocatoria para  ENCARGADO/A DE INFORMÁTICA Y DE SEGURIDAD DIGITAL. Esta persona estará encargada de dar mantenimiento y soporte a los sistemas informáticos de acuerdo con las necesidades de PBI Colombia. Además, según las capacidades de la persona seleccionada, impartirá talleres y asesorará sobre seguridad informática a las organizaciones acompañadas por PBI Colombia.

Antes de enviar la solicitud, por favor asegúrese de haber leído con detenimiento: Términos de referencias y perfil buscado en este documento.

  •  Fecha tope para recibir solicitudes: 8 de enero de 2022.
  •  Fechas para entrevistas: entre el 11 y 12 de enero de 2022.
  •  Fecha de incorporación: lo antes posible a partir del 1 de Febrero de 2022.

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«Para la construcción de un mundo en el cual prevalezca la vida ante lo demás»

Damos una calurosa bienvenida a nuestras dos nuevas compañeras que vienen de Irlanda y Francia. Aquí Beatriz y Tessa nos cuentan porqué vinieron a acompañar a personas defensoras de derechos humanos con PBI Colombia. Seguir leyendo «Para la construcción de un mundo en el cual prevalezca la vida ante lo demás»

Las comunidades indígenas de Murindó: entre la defensa de la vida y de su tierra ancestral

En el mes de agosto PBI acompañó a la Comisión Intereclesial de Justicia y Paz en la comunidad indigena de Chageradó, ubicada en el resguardo Río Chageradó, del municipio de Murindó. Allí se ha desarrollado una asamblea entre autoridades y miembros de las once comunidades de los dos resguardo del municipio, Río Chageradó y Río Murindó. Uno de los temas principales de esta reunión fue cómo abordar el problema de las minas antipersonal que están afectando a todo el municipio. También, se habló de cómo preservar el modelo de la vida ancestral de las comunidades indígenas Emberá, sus derechos y su tierra sagrada. 

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Transitando las veredas de la Paz: La labor comunitaria como vida y resistencia

Cada jueves se desarrolla en las veredas de la Comunidad de Paz de San José de Apartadó (CdP) el trabajo comunitario.  El mismo garantiza la soberanía alimentaria de las y los integrantes de esta comunidad, mediante el cultivo y el cuidado de las tierras colectivas. Algunos de los productos cultivados son los típicos de la cultura campesina colombiana: arroz, maíz, yuca, banano y cacao.  El cultivo, así como el proceso de recolección y posterior elaboración del producto, se realizan de forma natural, sin el uso de maquinarias o productos químicos nocivos para el medio ambiente.  Esta labor comunitaria se destaca por su profunda conexión y respeto por la naturaleza y el territorio.  Incluso los animales son protagonistas y fieles compañeros de este proceso. Los burros, las mulas y los caballos, son el medio de transporte favoritos por su fuerza y ​​resistencia en los caminos veredales, inmersos en la vegetación de la región.  El ser humano, la tierra y los animales constituyen, por tanto, elementos de un mismo círculo que se fortalecen recíprocamente.

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Entre la esperanza y la desesperanza: la conmemoración como presente digno

El día 8 de julio de 2021, PBI acompañó a la Comunidad de Paz de San José de Apartadó en la conmemoración de la masacre de La Unión.  Como cada año, la Comunidad honró la memoria de sus víctimas, arregló el memorial y reafirmó su compromiso a la lucha y su resistencia en el territorio.  La ceremonia se llevo a cabo a pesar de  actos de intimidación perpetrados por un grupo de personas que tomaban licor y colocaron música muy alta.  Frente a este intento de callarles y en medio de la angustia y el dolor, los y las integrantes de la comunidad hicieron memoria para continuar construyendo un presente digno y la paz que merecen.

Hace 21 años, PBI estuvo también acompañando a las familias de las víctimas en la vereda La Union.  El día anterior, el 8 de julio del 2000, los integrantes de la Comunidad de Paz, Rigoberto Guzman, Elodino Rivera, Diofanor Correa, Humberto Sepulveda, Jaime Guzman y Pedro Zapata fueron asesinados en el caserío por paramilitares.  Esta masacre ocurrió a los tres años de la conformación de La Comunidad de Paz de San José de Apartadó y se buscó destruir un lugar organizativo importante para el proceso.  Según el Padre Javier Giraldo, quien acompañó a la comunidad desde sus inicios, esta masacre no fue producto de enfrentamientos en medio del conflicto armado, ni fue un crimen de guerra.  Esta masacre fue planeada y llevada a cabo con un único e indiscutible objetivo: acabar con la Comunidad de Paz de San José de Apartadó.

En los testimonios narrados por el Padre, alrededor de 20 encapuchados ingresaron al caserío, entrando primero por las Hermanas Misioneras para cortar el teléfono.  En ese instante, un helicóptero de la Brigada XVII sobrevoló la vereda.  Algunos de las y los pobladores alcanzaron a huir, mientras otros se quedaron en el caserío.  Los encapuchados citaron a todos los y las habitantes preguntándoles por los lideres, mientras separaban a las mujeres y niños de los hombres.  Luego comenzaron a disparar contra los hombres, perdonándole la vida solo a uno de ellos argumentando que era muy joven.  Amenazaron a la Comunidad dándole un plazo de 20 días para abandonar la zona.  Al salir del caserío, incendiaron la casa comunitaria donde había un teléfono público.  Fue a raíz de este hecho que 63 familias de la vereda de La Unión y pobladores de la vereda Arenas Altas fueron forzosamente desplazados.1

El Padre Javier Giraldo agrega: “Después de la matanza en La Unión vinieron algunos funcionarios del Gobierno, con una actitud enérgica, asegurándonos que iban a tomar acción enseguida. Iban a crear una comisión del Gobierno, pero esta promesa nunca se concretó y no tuvimos ningún resultado. Por todo eso, la gente en la Comunidad rápidamente perdió la fe”.2

El único sobreviviente de la masacre recuerda ese día como si hubiese sido ayer.  Parece como si el tiempo se hubiera detenido, se sigue sintiendo la desazón ante la falta de respuesta y la desesperanza. La injusticia y la impunidad se hicieron presente no solo ese 8 de julio de 2000, sino también en 2021 cuando la ceremonia no fue respetada e incluso fue burlada por las personas que se encontraban en la vereda.

Hoy, a más de veinte años de su creación, la violencia contra la Comunidad de Paz no se ha mermado.  En 2018 se registraba 320 personas asesinadas innumerables amenazas y anuncios de exterminio, torturas, desplazamientos forzados, ultrajes sexuales, hurto de ganado, saqueos y pillajes y asaltos a mano armada perpetrados por todos los actores armados presentes en la zona desde hace décadas: guerrilla, paramilitares y Ejército Nacional.  Por estos actos de violencia en su contra, la comunidad ya no cree en la voluntad del Estado de protegerles.3

La conmemoración es una forma de seguir adelante a pesar de las amenazas que siguen en su contra.  Los y las integrantes de la Comunidad de Paz realzan sus energías en la memoria de sus mártires, recuerdan con gratitud el regalo de la vida y la presencia de sus lideres asesinados como así también de las personas que les han acompañado y que ya no están, como Eduar Lanchero.

Ellas y ellos hablan de «la memoria energizante».  Esa misma fuerza que sentimos haciendo memoria de personas como Liza Smith, que nos dejo en febrero de este año.  Ella estuvo muy comprometida con la paz y la justicia social y dedico muchos años con PBI y otras organizaciones, a acompañar comunidades en resistencia, defensoras de derechos humanos.  En su escrito «The practice of no success» (la practica de ningún éxito), publicado en 2016, Liza cuestiona la trampa de la esperanza y las dificultades de seguir luchando cuando los cambios tan anhelados se desvanecen a medidas que avanzamos.  Para ella, una respuesta consiste en salir de los esquemas binarios de esperanza y desesperanza y buscar ese territorio amplio de integridad moral.  Se podría también referirse a la dignidad del presente, un espacio de libertad donde podemos agenciar un actuar digno del día a día. 4

La Comunidad de Paz de San José de Apartado es la materialización de esta reflexión porque nos enseña el valor del tiempo compartido, la alegría de la resistencia en su himno, lo genuino de una conversación y la dedicación y solidaridad de enseñarnos sus tejidos. Es un ejemplo de lo poderoso que son los lazos sociales, lo comunitario. En la Comunidad se encarna la lucha por la vida que mantiene encendida la sensibilidad y la humanidad reafirmándose en un presente digno.  PBI se quedará a lado de la Comunidad en esta lucha tan digna hasta que tengan las garantías de seguridad y de la vida que anhelan y merecen.


  1. J. Giraldo Moreno, “Denuncia sobre San José de Apartadó”, Desde los márgenes: página oficial de Javier Giraldo Moreno, S. J., Noviembre 2003
  2.  J. Giraldo Moreno, “Denuncia sobre San José de Apartadó”, Desde los márgenes: página oficial de Javier Giraldo Moreno, S. J., Noviembre 2003
  3. J. Giraldo Moreno, “Ataques a la Comunidad de San José de Apartadó durante el gobierno del presidente Iván Duque”, Desde los margenes: pagina oficial de Javier Giraldo Moreno, S. J.
  4. L. Smith, “La práctica de ningún éxito”, Arrow Developer, Septiembre 2016