Donde yacen los sueños

Juan y Gloria se dedicaban a la venta informal de dulces en las rutas de buses. Soñaban con obtener mayores ingresos para sus familias. No sorprende entonces, que estos jóvenes de apenas veinticinco años, hubieran aceptado la propuesta de ir a trabajar a una finca donde obtendrían un mejor salario. ¿Será que “las montañas ayudan […] a despertar sueños dormidos”? (Haroun Tazieff)

Ocho años después, aquí estamos, Bettina y yo, iniciando el mismo camino que llevó a Juan y Gloria por el oriente antioqueño. Atravesamos senderos combinando subidas y bajadas y un bellísimo paisaje dominado por montañas, pastos altos y pequeñas cascadas, resultado de la lluvia previa. Vemos pasar algún campesino buscando su vaca, mientras otros están cortando cañas. Lejos de la movida urbana, los senderos que recorremos respiran tranquilidad y ni el calor, ni el barro pantanoso, ni las caídas inevitables nos pueden parar.

Dos horas y media después, al llegar a nuestro destino, bajamos de la nube a la triste realidad. Porque para Juan y Gloria, fue un viaje sin retorno, un viaje hacia la muerte, que tomaron aquel día de enero cuando abordaron un bus intermunicipal hacia la supuesta finca, tenían la cabeza llena de sueños atados al dinero por su situación económica precaria.

Sus familiares no supieron más de ellos, hasta que tres años después de los hechos, recibieron la noticia de que aquel día de enero supuestamente fueron dados de baja en combates que el Ejército había librado contra un grupo guerrillero en ese mismo punto, una zona de conflicto y minada por la guerrilla en ese entonces.

No se sabe a ciencia cierta lo que sucedió. Por esta razón, estamos aquí acompañando a la Corporación Jurídica Libertad (CJL), que vela por los intereses de las víctimas y sus familiares, en un proceso de reconstrucción y esclarecimiento de hechos por la desaparición y el posterior homicidio de la joven pareja. De este acto procesal también participan expertos del Instituto de Medicina Legal, integrantes de las Fuerzas Militares, entre los cuales están los investigados por los hechos y su abogado, con el fin de constatar la versión dada por los militares. Sin embargo, esta tarea podría resultar difícil, en parte porque el escenario ha ido cambiando con el paso de los años.

Tal vez la historia de Juan y Gloria podría unirse a la lista, tristemente extensa, de la horrorosa práctica de los llamados “falsos positivos”, ejecuciones de civiles inocentes perpetradas ilegalmente por la Fuerza Pública y manipuladas por esta misma para que parezcan bajas legítimas de guerrilleros muertos en combate, con el fin de “mostrar resultados” en el marco del conflicto armado colombiano.  Muchos casos quedan invisibilizados y en total impunidad[1].

Es curioso y extraño, que por la fuerza de la violencia atravesada y el dolor actual descubramos esta belleza paradisíaca dónde yacen los sueños de estos jóvenes que parecen resurgir entre el verde de la vegetación y el ruido cantarín del pequeño arroyo donde se apagaron sus voces.

– Delphine

[1] Oacnudh, Informe de misión del Relator Especial sobre las Ejecuciones  Extrajudiciales, Sumarias o Arbitrarias, Philip Alston a Colombia.Doc. A/HRC/14/24/Add.2 (8–18 June 2009), 31 de marzo de 2010.

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