Autocuidado como apuesta política

El trabajo de apoyo a la reconstrucción del tejido social de PBI está orientado al abordaje del miedo y las rupturas en los procesos organizativos, que son efectos de la violencia sociopolítica. En definitiva, la prevención de elementos que permitan dotar de sentido y resignificar las experiencias, así como elaborar estrategias para la continuidad de los procesos.

Los efectos de la violencia sociopolítica paralizan el trabajo de las personas defensoras de derechos humanos y tienen como impacto el debilitamiento de las capacidades de resistencia y organizativa del movimiento social que buscan alternativas políticas, sociales y económicas.

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Durante 2018, desde el Área de Apoyo a la Reconstrucción del Tejido Social de PBI, hemos acompañado a un grupo de veinticinco mujeres familiares de personas desaparecidas, que hacen parte del Movimiento de Víctimas de Crímenes de Estado (MOVICE) – capítulo Valle del Cauca. Es un proceso de acompañamiento que se inició en Buenaventura en 2017, centrado en el apoyo psicosocial, el autocuidado y el cuidado mutuo.  Este acompañamiento está articulado con la estrategia del Movice en torno a la lucha contra la impunidad, por la verdad y la justicia en relación con la búsqueda de personas desaparecidas, las garantías de No repetición y reparación integral, la articulación de una propuesta metodológica con el empoderamiento de elementos de verdad histórica.

Las mujeres tienen distintas realidades e interseccionalidades que se suman al hecho de ser mujer, víctima de desaparición forzada y defensora de derechos humanos en Colombia, como son: ser madres cabeza de hogar, desempleadas, algunas en situación de pobreza, habitantes de una zona deprimida del municipio. A pesar de todas estas condiciones diferenciales, la participación y la asistencia ha sido continua y se ha mantenido en el tiempo. Ellas manifiestan la importancia del espacio y los aportes a nivel personal y grupal a partir de las herramientas construidas colectivamente.

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De los logros evidenciados durante el proceso, cabe destacar la construcción de confianza en un contexto donde la violencia genera una fuerte ruptura del tejido familiar y comunitario, aspecto nuclear de la cultura bonaverense. También se evidencia la apropiación de elementos de análisis para la comprensión de la realidad y el contexto, a través de un proceso de cualificación política y contexto. Según ellas mismas han manifestado, el espacio ha contribuido al fortalecimiento en la construcción de colectividad, en el sentido de reconocerse parte del grupo, de apoyarse mutuamente y de colocar a disposición de los demás saberes ancestrales que conduzcan al bienestar y al reconocimiento de las identidades propias. Así mismo, evidenciaron un mejoramiento a nivel personal en lo que tiene relación con los impactos del hecho victimizante, desarrollando estrategias desde lo colectivo que también utilizan en el ámbito personal y cotidiano para su bienestar.

“El autocuidado no es un lujo para tiempos de paz, sino una estrategia de seguridad: cuando las defensoras continuamos trabajando a pesar del estrés y del agotamiento podemos estar menos alertas frente a los riesgos, o nos puede resultar más difícil enfrentarlos. El autocuidado no sólo es fundamental para el bienestar de las defensoras a título individual, sino también para la supervivencia de los movimientos y organizaciones. El autocuidado es una estrategia política de resiliencia y resistencia frente a las agresiones que procuran debilitar a las organizaciones y movimientos dedicados a procurar justicia y defender los derechos humanos” (“Diálogos entre nosotras: ¿Qué significa el autocuidado para las defensoras de derechos humanos?”. Iniciativa Mesoamericana de Derechos humanos).

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A través del autocuidado y el proceso de acompañamiento, facilitamos y abrimos el espacio para procesar los conflictos, las tensiones y los miedos, desde un lugar que permita la no revictimización de las defensoras y que les posibilite continuar con su trabajo, integrándolo en su día a día tanto a nivel personal, familiar como organizativo.

Ser defensora de derechos humanos en Colombia implica un riesgo cotidiano que atenta contra su vida. En un contexto de creciente criminalización de la actividad de la defensa de los derechos humanos, trabajar para la protección integral, incorporando un enfoque de autocuidado, es la base para enfrentar las violencias estructurales sumadas a las discriminaciones por razones de género, constituyéndose en sí misma como una estrategia política para garantizar la permanencia de las defensoras en los procesos colectivos y de defensa de los derechos humanos.

Mira este vídeo para conocer más del proyecto

Vídeo realizado por Bianca Bauer gracias al apoyo del Servicio civil para la Paz del Gobierno Alemán

Elena López-Maya

 

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