Es tiempo para hablar

El 5 de abril de este año el Gobierno firmó el Decreto 588 que crea la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición, contemplada en el acuerdo de paz que firmó el Gobierno con las Farc. Este organismo forma parte del Sistema Integral de la Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición que aprobó el Congreso este marzo, y que constituye uno de los proyectos más importantes para los derechos humanos.

La Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad será clave para pasar la página de la guerra y mirar hacia adelante. Tiene entre sus funciones investigar sobre las prácticas que construyen una violación de los derechos humanos y crear espacios para escuchar las distintas voces de la sociedad civil. Estará integrado por once expertos que aún están por nombrar y tendrá una duración de tres años y medio para la implementación.

Hay muchos retos para que la Comisión tenga éxito y esto fue el tema de una conferencia en la Universidad de los Andes en Bogotá, “Encuentro internacional de experiencias sobre memoria para la paz”, en la cual participaron expertos en Comisiones de Verdad, iniciativas de memoria y acompañamiento a las víctimas de guerras.

Las víctimas en primer plano

Uno de las tareas más importantes de la Comisión será hablar con las víctimas sobre las violaciones de derechos humanos y “hay que saber cómo tratar el dolor”, resalta Carlos Beristain, médico y doctor en psicología que lleva 28 años trabajando con víctimas alrededor del mundo. Beristain trae el ejemplo de Guatemala, del proyecto de la Recuperación de la Memoria Histórica, Remhi. Recogieron 5.000 testimonios a pesar de que al inicio la gente dijo que era una locura embarcarse en semejante proyecto pues creían que las víctimas de la guerra de Guatemala, en su mayoría indígenas maya, tendrían demasiado miedo para expresarse. Pero en una de las audiencias un hombre dijo en público: “es tiempo para hablar”, y con esta frase reflejó el sentir colectivo de la comunidad maya.

Beristain destaca que, para las víctimas, un proceso de la verdad duele y hay que tener mucho cuidado con la metodología. Hay que estar seguro de que la gente esté lista y que haya condiciones para que cuenten sus historias, también de seguridad. Además, destaca Beristain que es tan importante el informe final como el proceso de acompañamiento a las víctimas porque pueda potenciar el fortalecimiento del tejido social en las regiones.

Cada proceso de recopilación de la memoria es distinto, por lo tanto, el enfoque territorial y étnico es importante. Cuenta Beristain que en un pueblo en Guatemala las víctimas accedieron al grupo Remhi para que les ayudasen en el proceso burocrático de pasar los títulos de las tierras de padres a hijos. En otro pueblo, una comunidad maya buscó el apoyo para encontrar a sus familiares desaparecidos.

Desde abajo

Según la experiencia del Padre Javier Giraldo, que ha investigado procesos de hacer memoria en países como Argentina, El Salvador, Guatemala, Sudáfrica y Yugoslavia, queda claro que las comisiones que mejor funcionan son las que se surgen desde la sociedad civil. Hay mucha verdad en que la gente dice que fueron las Madres de la Plaza de Mayo que tumbaron la dictadura en Argentina, cuenta el Padre. Cuenta que cuando las catorce mujeres se sentaron por primera vez sobre el suelo cementado de la Plaza de Mayo en Buenos Aires, con las fotos de sus hijos desaparecidos en la mano, llegó un policía para informarles que era prohibido hacerlo y les pidió que circulasen. Las madres llevan cuarenta años dando vueltas alrededor del obelisco y su accionar ha sido una de las iniciativas más exitosos para colocar la desaparición forzada en el mapa internacional.

Falta de justicia

Muchas comisiones de verdad han logrado esclarecer lo ocurrido, pero las violaciones quedan en impunidad. En Colombia, el padre Giraldo considera que la comisión que mejor ha funcionado fue en el caso de Jhonny Silva, estudiante de la Universidad del Valle, asesinado por integrantes del Escuadrón Móvil Antidisturbios (Esmad) de la Policía en 2005 durante una manifestación universitaria. Fue de hecho la Comisión de la Verdad que responsabilizó a la Policía por la muerte de Silva. Pero no se hizo justicia.

Otro ejemplo que nombra es la masacre de Trujillo cometido entre 1988 y 1994 en la cual fueron asesinados aproximadamente 340 personas. El Informe Final de la Comisión de Investigación de los Sucesos Violentos de Trujillo llamó a las instancias penales y disciplinarias competentes a investigar, enjuiciar y sancionar. Pero solo hasta el año pasado se llevó a cabo un acto de reconocimiento de responsabilidad del Estado colombiano.

Investigar el pasado lo antes posible

La Comisión de Verdad de Chile solo tuvo seis meses para investigar los crímenes de la dictadura de Pinochet, una tarea que hubiera sido imposible si no hubiera sido por la Vicaría de la Solidaridad, organismo de la iglesia católica en Chile que había documentado los crímenes del Estado y facilitó a la Comisión gran cantidad de información. “Comenzar a sistematizar los violaciones de derechos humanos”, dice el padre Giraldo, “es de suma importancia”. Es algo que ha sucedido en Colombia, de acuerdo con el investigador Jefferson Jaramillo, desde 1958 ha habido por lo menos catorce iniciativas de comisiones extraoficiales para recopilar los hechos relacionados con violaciones de derechos humanos y de éstas hay que aprenderlo. La pregunta ahora es más bien cómo tener en cuenta toda la información generada durante medio siglo de guerra.

Teatro Tumaco
Hay que producir narrativas a través del documental, el teatro o el arte para contarle al país que fue lo que pasó en los cincuenta años de conflicto armado, quiénes fueron las víctimas y quiénes los victimarios.

Los informes de las comisiones son importantes en la medida que se convierten en documentos históricos, pero cómo hacer para que el conocimiento de cincuenta años de guerra genera un reconocimiento colectivo de violencia y un rechazo moral al conflicto armado. Todos los expertos presentes estuvieron de acuerdo que hay que producir narrativas a través del documental, el teatro o el arte para contarle al país que fue lo que pasó en los cincuenta años de conflicto armado, quiénes fueron las víctimas y quiénes los victimarios.

Hay muchos inciertos, dudas, preguntas relacionadas con la participación, el acceso a la información y sobre crímenes de Estado, pero a pesar de ello las personas que investigan estos hechos históricos concuerdan en que hay que apropiarse de la Comisión de Esclarecimiento desde abajo. “Si el movimiento social se mueve, la Comisión de Esclarecimiento se mueve”, dice Mariana Gallego, de la Ruta Pacífica, con convicción. No se puede dejar la investigación en manos de once comisionados en su veredicto, la sociedad civil debe ser proactiva y participar en cada instante del proceso de esclarecimiento del pasado.

En este sentido, el investigador Jefferson Jaramillo concluía en el Encuentro internacional de experiencias sobre memoria para la paz que la nueva Comisión de Esclarecimiento debe convertirse en un mecanismo para imaginar el futuro, a nivel cultural, político, económico, ambiental.

Bianca

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