20 años de resistencia

Aún está oscuro, el aire es frío y húmedo porque ha llovido toda la noche. Desde los altoparlantes suena una voz fuerte y decidida: “Buenos días, ¡hoy cumplimos veinte años!”. Son las cinco de la mañana. Con una cuchilla de afeitar, un campesino escribe bastante grande el número 20 en el cabello de otro. Las niñas más pequeñas llevan sus vestidos de gala y purpurina en el pelo. Desde los altavoces comienza a sonar el himno de la Comunidad de Paz de San José de Apartadó: “Vamos todos adelante, con cariño y mucho amor”. Empieza a amanecer y sobre las montañas que circundan La Holandita se dibujan nubes blancas que destacan entre la niebla que cubre la parte alta de la serranía. A las seis en punto están todos los vecinos de La Holandita y visitantes de comunidades vecinas y extranjeros frente al templo para dar inicio al primer acto del día, una oración para celebrar, recordar, conmemorar.

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A las seis en punto están todos los vecinos de La Holandita y visitantes de comunidades vecinas y extranjeros frente al templo para dar inicio al primer acto del día, una oración para celebrar, recordar, conmemorar.

La Comunidad de Paz de San José de Apartadó nació hace veinte años en medio de la violencia, el desplazamiento forzado y asesinatos. En esta región en el noreste de Colombia, desde los años 70 ha estado presente la guerrilla y la incursión de grupos paramilitares a partir de 1996 inició el escalamiento del conflicto armado. A principios de 1997, 5.000 pobladores desesperados pidieron protección. Era el domingo 23 de marzo de ese año, cuando los líderes más destacados se reunieron en el pueblo fantasma de San José para firmar el acta que constituye desde entonces a la Comunidad de Paz. “No hubo ni siquiera una tienda para comprar gaseosa ese día”, recuerda Gildardo. “Ni sabíamos al acostarnos si mañana amanecíamos vivos”, añade Doña Brígida.

Al mes de la firma llegaron los paramilitares y comenzó una nueva ola de desplazamiento. Quedaron unas 500 personas que apostaron por la Comunidad de Paz. La mayoría de los líderes estaban muertos o en exilio. Los que se quedaron tuvieron claro que esa opción podía significar una muerte segura. “El que no esté dispuesto a ofrecer su vida por defender la tierra, que es más que la madre de uno, que se vaya a otro lugar”, era la frase que reinaba en las reuniones desde el comienzo.

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El saldo de veinte años de violencia es abrumador: 320 personas asesinadas, 350 amenazas de muerte, 100 torturas, 50 desplazamientos.

Y, efectivamente, el coste fue y es alto. Ese mismo año los paramilitares y la guerrilla comenzaron a matar líderes, tenderos o a cualquier miembro de la Comunidad que salió a comprar alimentos o vender sus cosechas a la ciudad. El saldo de veinte años de violencia es abrumador: 320 personas asesinadas, 350 amenazas de muerte, 100 torturas, 50 desplazamientos[1]. Hubo innumerables masacres, la que quizás más impactó en la Comunidad fue la del 21 de febrero de 2005. Ese día fueron asesinadas y descuartizadas ocho personas en las veredas Mulatos y La Resbalosa, entre ellos se encontraban tres menores de edad y el líder Luís Eduardo Guerra.

En medio de esta violencia la Comunidad ha logrado construir una sociedad alternativa. Constantemente sufrieron bloqueos económicos, uno de los peores fue en 2002 que duró seis meses. Los paramilitares no dejaban pasar alimentación y le decían a la gente: “si alguno se atreve a pasar arroz y fríjol, lo asesinamos”. Muchos murieron por intentar comprar una libra de sal o de arroz. Los actores armados robaron animales de carga, animales domésticos, las provisiones.

Joaquín de 84 años
“Los que han matado no están muertos para nosotros, pues nos dejaron un ejemplo para seguir luchando”.

Eso llevó a la Comunidad a buscar otras opciones, investigando y estudiando, comenzaron a trabajar en un modelo de soberanía alimentaria: recuperaron semillas autóctonas de la zona, cultivaron cacao, (que hoy en día es exportado a varios países de Europa, y pasa numerosas auditorías para mantener los estándares de comercio justo), plantaron cultivos de pan coger… Y también buscaron un modelo alternativo de educación, con sus propios profesores centrados en una educación en valores de amor a la tierra, posteriormente, construyeron la Universidad de la Resistencia. Fueron fortaleciendo estos modelos por los que siguen trabajando hoy en día.

El aniversario contó con ponencias, recuerdos y actos de celebración en medio de fuertes lluvias. Después del almuerzo salió el sol y los pobladores de La Holandita y sus visitantes caminaron, con fotografías de los líderes muertos en mano y la cabeza en alto hasta San José, dónde comenzó a escribirse la historia de la Comunidad de Paz. “Los que han matado no están muertos para nosotros, pues nos dejaron un ejemplo para seguir luchando”, dice con orgullo Joaquín, un hombre de 84 años. La Comunidad da mucha importancia a la memoria y la historia como pilar fundamental de su existir y para su día a día.

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Los pobladores de La Holandita y sus visitantes caminaron, con fotografías de los líderes muertos en mano y la cabeza en alto hasta San José, dónde comenzó a escribirse la historia de la Comunidad de Paz.

Celebraron 20 años, pero ni la firma de los Acuerdos ha traído la tan ansiada paz. La violencia continúa acechando a la Comunidad da Paz, este año grupos neoparamilitares han incursionado en varias de sus veredas. “Han tratado de tomar el control de una manera abierta”, explica el Padre Javier Giraldo. “Reúnen a los pobladores, diciéndoles que deberían someterse, pagar vacunas (impuestos de guerra) por vaca, por cultivo, por negocio. Los paramilitares están tratando de tomar el control sobre los territorios que la guerrilla de las Farc ha dejado durante el actual proceso de la desmovilización”. El Padre y los pobladores aseguran que los neoparamilitares están cada vez más presentes en su territorio. Andan, a veces, de civil y, otras veces, uniformados. “Están afirmando que ahora son ellos la autoridad en la región y que todo el mundo debe someterse”, añade el Padre Giraldo.

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“A nuestros hijos e hijas les va a tocar luchar como me ha tocado luchar a mí”.

“A nuestros hijos e hijas les va a tocar luchar como me ha tocado luchar a mí”, dice Jesús Emilio ante este contexto tan poca alentador. Pero aparte de este espíritu de resistencia y capacidad de convertir hazañas en oportunidades, la Comunidad cuenta con el apoyo de la comunidad internacional, apreciable en las tres organizaciones de acompañamiento presentes (For, Operazione Colomba y PBI), parlamentarios de Europa, representantes de embajadas y embajadores o la propia Oacnudh (con su Representante Todd Howland a la cabeza).

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“¿Cuál es el imán que ha creado esta sinergia con la comunidad internacional?”, se pregunta en voz alta el Padre Giraldo, a lo que él mismo responde: “un sentimiento de dignidad humana”.

Noelia y Bianca


Nota de pie:

[1] Padre Javier Giraldo, ponencia, 23 de marzo de 2017 en la Holandita, Comunidad de Paz de San José de Apartadó

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