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Mujeres en el Bajo Atrato: constructoras de paz, protectoras del territorio

por Francesca Nugnes, representante Europea de PBI Colombia

A 29 años de la Operación Septiembre Negro(*), las comunidades del Curvaradó y Jiguamiandó siguen enfrentando control armado, despojo territorial y abandono estatal. En esta entrevista, la Comisión Intereclesial de Justicia y Paz, analiza la situación actual y destaca el rol fundamental de las mujeres en la defensa de la vida, el territorio y la construcción de paz.

(*) Equipo Nizkor. Informe sobre la compañía frutera Banacol, implicada en el acaparamiento de tierras y paramilitarismo. Disponible en: https://www.derechos.org/nizkor/colombia/doc/banacol.html

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Introducción

A casi tres décadas de la Operación Septiembre Negro, las comunidades negras, mestizas e indígenas de las cuencas de los ríos Curvaradó y Jiguamiandó, en el Bajo Atrato chocoano, continúan viviendo las consecuencias del desplazamiento forzado, el despojo territorial y la violencia armada1.

En este contexto de profunda crisis humanitaria, las mujeres han desempeñado un rol central y sostenido en la defensa de la vida, el territorio y el ambiente. Desde la creación de mecanismos colectivos de autoprotección, como las Zonas Humanitarias y de Biodiversidad2, hasta la reciente inauguración de la Casa de las Mujeres, su trabajo ha sido clave para sostener la resistencia comunitaria y abrir caminos de cuidado, memoria y construcción de paz.

En esta entrevista, Yohana López, Subsecretaria Ejecutiva de la Comisión de Justicia y Paz, reflexiona sobre la situación actual de las comunidades del Bajo Atrato, sus incansables esfuerzos para la construcción de Paz, los desafíos que plantea el control armado, los procesos de diálogo con grupos armados ilegales y la urgente necesidad de avances en las políticas de prevención y protección individual y colectiva para las personas defensoras de derechos humanos y ambientales, poniendo especial énfasis en la experiencia organizativa y el liderazgo de las mujeres en el territorio.

A 29 años de la Operación Septiembre Negro: una crisis que persiste

PBI: En el mes de noviembre, la Comisión invitó a la comunidad internacional, instituciones estatales y gubernamentales de Colombia y a PBI a dos días de conmemoración3 de los 29 años de la Operación Septiembre Negro, que, a través de asesinatos selectivos, masacres y terror ocasionó el desplazamiento de miles de personas de las cuencas de los ríos Curvaradó y Jiguamiandó (Bajo Atrato – Chocó). ¿Cuál es la situación actual de las comunidades que habitan hoy estos territorios?

Yohana López: La situación actual de las comunidades negras y mestizas de las cuencas del Bajo Atrato, en especial Jiguamiandó y Curvaradó, es lamentable. Después de años de resistencia en defensa de la vida y el territorio, de sentencias a su favor por la sistemática violación de derechos humanos, de dos procesos de paz con las AUC4 y las FARC – EP5, y de tres años de un gobierno progresista que prometía el cambio de una política tradicional alejada de los territorios más afectados por el conflicto social y armado, su situación es crítica. Están sometidos al control socio-territorial de la estructura armada ilegal del autodenominado Ejército Gaitanistas de Colombia (EGC), quienes ejercen como única autoridad e implementan un modelo socioeconómico extractivista y desconocedor de los derechos fundamentales de los habitantes ancestrales.

(inauguración de la Casa de las Mujeres, Jiguamiandó, noviembre 2025)

La Casa de las Mujeres: organización, cuidado y construcción de paz

PBI: Durante la conmemoración, se realizó también la inauguración de la Casa de las Mujeres. ¿En qué consiste este espacio y qué destacas de esta experiencia?

Yohana López: La Casa de las Mujeres, de acogida y diálogo para la paz, es un logro y un reconocimiento al trabajo organizativo de las mujeres y a su papel fundamental en la defensa de la vida, el ambiente y la construcción de paz. Es un lugar de encuentro, diálogo, formación, esparcimiento y construcción colectiva de afrontamiento y superación de los traumas que la violencia ha dejado en las vidas de las mujeres, sus familias y la comunidad.

Destaco de esta iniciativa que surgió y es liderada por las mismas mujeres de la asociación ASOMUJIGUA. Era un deseo pospuesto que se logra gracias a su persistencia. Este espacio les permitirá compartir y estrechar la unidad en torno al mejoramiento de sus vidas con dignidad, libertad y fortaleza.

(inauguración de la Casa de las Mujeres, Jiguamiandó, noviembre 2025)

Zonas Humanitarias y de Biodiversidad: proteger la vida y el ambiente

PBI: Estos territorios se han caracterizado por el surgimiento, hace más de dos décadas, de formas de autoprotección colectiva —de las personas y del ambiente— totalmente innovadoras y pioneras, como las Zonas Humanitarias y de Biodiversidad. ¿En qué consisten estos mecanismos? ¿Cómo han logrado salvar vidas y contribuir a la defensa ambiental?

Yohana López: Las Zonas Humanitarias y las Zonas de Biodiversidad son mecanismos de protección de la vida y el ambiente. La Zona Humanitaria es la figura que, sobre la base del principio de distinción de la población civil, se creó como una zona delimitada y visibilizada exclusiva para la defensa de la vida de civiles en medio de la confrontación armada, la acción paramilitar, de guerrillas y el abuso de la fuerza por parte de la Fuerza Pública.

La Zona de Biodiversidad es el mecanismo que se crea como resistencia y conservación ambiental ante la expansión acelerada del monocultivo de palma y banano, la extracción maderera y la ganadería extensiva, siendo este modelo económico el foco del desplazamiento y despojo de tierras en las cuencas del Jiguamiandó y Curvaradó. Además, la Zona de Biodiversidad es el mecanismo que posibilita el retorno de las familias a sus fincas, aun sin garantías del Estado colombiano.

Diálogos con el EGC: dudas, riesgos y exclusión de las comunidades

PBI: Uno de los grupos armados ilegales que mayormente ejerce su control en estos territorios del Bajo Atrato es el autodenominado EGC6. A pocos días del anuncio del cierre del segundo ciclo de “diálogo” con el Gobierno en Catar7, ¿cuál es tu valoración de este proceso? ¿En qué medida han sido involucradas las comunidades que habitan estos territorios? ¿Existen mecanismos de monitoreo y acompañamiento que brinden garantías para las comunidades y para las personas defensoras de derechos humanos y del ambiente?

Yohana López: Nuestra valoración parte de la insatisfacción de las comunidades negras, mestizas e indígenas que no se ven reflejadas ni en la postura del Gobierno ni mucho menos en la de las Autodefensas Gaitanistas de Colombia (AGC), ahora autodenominadas EGC. Este territorio ha padecido un conflicto armado y social aún sin resolver, dejando un manto de impunidad e injusticia para los pobladores ancestrales, lo cual es pasado por alto al instalar una mesa con un grupo responsable de gran parte de la violencia y la crisis social y humanitaria.

Aún más, se trata de un grupo armado que hoy se impone como autoridad en el territorio, implementando a la fuerza su modelo socioeconómico por encima de la voluntad, la libertad y la autonomía de las comunidades a la autoadministración de sus territorios.

Ciertamente, hay muchas dudas sobre la voluntad real de las partes para avanzar en un proceso que brinde condiciones mínimas de paz y dignidad a estas comunidades, sin que de antemano se tenga claro el marco jurídico de esta negociación, el carácter del grupo armado y su capacidad de mando unificado, el balance de la justicia transicional sobre los graves hechos ocurridos en esta zona, la verdad de los responsables y las garantías de no repetición que aseguren el fin del ciclo de violencia que las AGC han perpetuado ante la inercia estatal.

Ataques a personas defensoras y exigencias al Estado

PBI: En las últimas semanas, la comunidad internacional8,9,10 han alertado sobre múltiples ataques11 en contra de integrantes de la Comisión, varios de ellos en el suroccidente del país. ¿Qué está solicitando la Comisión frente a estos ataques? ¿De qué manera el Estado y el Gobierno deberían reforzar sus políticas y mecanismos de prevención y protección?

Yohana López: Ante todo, requerimos respuestas del Gobierno nacional. Es increíble el silencio y la falta de atención oportuna y eficaz ante el recrudecimiento de la violencia y la falta de seguridad y garantías en general para la población civil, y aún más para quienes ejercemos la misión de la defensa de los derechos humanos en este complejo contexto.

Exigimos lo básico, lo fundamental: poder estar en los territorios con las comunidades sin la presión constante del riesgo sobre nuestra integridad. Exigimos que el Estado y el Gobierno colombiano retomen la autoridad perdida en los territorios, con planes integrales que devuelvan la confianza de la población en sus gobernantes y en sus políticas, que no deben surgir de eruditos en los escritorios de la capital, sino de la realidad tangible de los territorios y de la experiencia de los afectados directos de la violencia.

Volcarse al territorio, escuchar a las comunidades, hacer presencia como autoridades civiles de orden nacional, impulsar la economía sostenible y comunitaria y brindar las condiciones mínimas de vida digna, devolviendo algo de esperanza en medio de la desolación y la soledad de los territorios.

Una política de paz y seguridad que vaya más allá del discurso como bandera político-electoral y de medidas materiales de protección que, lejos de proteger, resultan inútiles ante el crecimiento exponencial de la criminalidad y su control de vastos territorios y sometimiento de las poblaciones.

PBI: Muchas Gracias, Yohana, por compartirnos tus saberes y lecturas.

1 Oidhaco. En el Chocó se agudizan los riesgos para comunidades y procesos organizativos frente a control ejercido por el autodenominado Ejército Gaitanistas de Colombia. 11 de diciembre de 2025. Disponible en: https://www.oidhaco.org/en-el-choco-se-agudizan-los-riesgos-para-comunidades-y-procesos-organizativos-frente-a-control-ejercido-por-el-autodenominado-ejercito-gaitanista-de-colombia-y-la-ausencia-estatal/

2 Estas experiencias colectivas han sido reconocidas incluso en procesos de justicia transicional como la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), donde más de 800 habitantes organizados en estas zonas han sido acreditados como víctimas en el marco del caso sobre la situación territorial de Urabá y el Bajo Atrato. Para más informaciones: https://www.jep.gov.co/Sala-de-Prensa/Paginas/La-JEP-comienza-acreditaci%C3%B3n-de-v%C3%ADctimas-en-las-zonas-humanitarias-de-Jiguamiand%C3%B3-y-Curvarad%C3%B3%2C-Choc%C3%B3.aspx?

3 @Jusiticiaypazcol Conmemoración 29 años afirmando la vida y defendiendo el territorio. Septiembre negro 1996-2025. Disponible en: https://x.com/Justiciaypazcol/status/1989821137824497752?s=20

4 AUC, sigla del grupo paramilitar Autodefensas Unidas de Colombia

5 FARC – Ep: sigla del grupo guerrillero Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia – Ejercito Popular

6 Ver: Oidhaco. Oidhaco. En el Chocó se agudizan los riesgos para comunidades y procesos organizativos frente a control ejercido por el autodenominado Ejército Gaitanistas de Colombia. 11 de diciembre de 2025.

7 Ibid.

8 Organización Mundial contra la Tortura (OMCT). Colombia. La escalada de violencia en el suroccidente pone en riesgo la protección de los derechos humanos. 10 de diciembre de 2025. Disponible en: https://www.omct.org/es/recursos/declaraciones/colombia-la-escalada-de-violencia-en-el-suroccidente-pone-en-riesgo-la-protecci%C3%B3n-de-los-derechos-humanos

9 Taula Catalana para la Paz y los derechos humanos en Colombia. Comunicado por los graves ataques contra la Comisión Intereclesial de Justicia y Paz, 16 de diciembre de 2025. Disponible en: https://www.taulacolombia.org/es/comunicado-por-los-graves-ataques-contra-la-comision-intereclesial-de-justicia-y-paz/

10 Global Witness. Press Release. Global Witness condemns attacks against colombian defenders in Cauca and Valle del Cauca, 16 de diciembre de 2025. Disponible en: https://globalwitness.org/en/press-releases/global-witness-condemns-attacks-against-colombian-defenders-in-cauca-and-valle-del-cauca/

11 Comisión Intereclesial de Justicia y Paz. Informe. Deterioro de la seguridad en los territorios aumenta el riesgo de la labor en la defensa de los derechos humanos en el suroccidente colombiano. 2 de diciembre de 2025. Disponible en: https://www.justiciaypazcolombia.com/informe-deterioro-de-la-seguridad-en-los-territorios-aumenta-el-riesgo-de-la-labor-en-la-defensa-de-los-dd-hh-suroccidente-colombiano/

Unión es protección

Unión es protección: Comunidad de Paz desarrolla concepto integral de vida y protección en Colombia

por Michael Harram, Brigadista de terreno, PBI Colombia

Nos ubicamos en lo profundo del Urabá antioqueño, entre naturaleza y cultivos varios. Se encuentra la Comunidad de Paz de San José de Apartadó, un grupo de campesinxs que lleva casi treinta años resistiendo desde el trabajo, la unión y la dignidad, bajo el férreo principio de la no violencia y la neutralidad ante el conflicto armado. Aquella comunidad nació oficialmente el 23 de marzo de 1997, cuando sus habitantes, cansados de la violencia y del control de los grupos armados, decidieron algo muy fuerte: declararse neutrales, vivir sin armas y organizarse bajo principios de solidaridad, respeto y autonomía.

La región del Urabá siempre ha sido terreno de conflicto. Su ubicación, estratégica entre el Caribe, el Chocó y el interior de Antioquia, la convierte en un punto clave para el comercio, pero también en un lugar donde muchos quisieron tener el control. Esta zona de ríos, montañas y suelos fértiles es ideal para sembrar cacao, maíz, plátano y yuca… pero esa misma riqueza también trae violencia. En los años ochenta y noventa la guerra se instaló de lleno: guerrillas, paramilitares y el Ejército se enfrentaban sin tregua, y el campesinado quedaba atrapado en medio del fuego cruzado. Muchas personas fueron desplazadas, otras asesinadas solo por negarse a tomar partido. Las personas de la comunidad se cansaron de tanta violencia y crearon una comunidad basada en la paz, la solidaridad y el trabajo compartido. Querían demostrar que era posible vivir sin armas, cuidando la tierra y apoyándose entre todas. Esa apuesta por estar juntos y juntas es lo que les permitió crecer como resistencia.

Toda esta violencia hizo que rompieran relaciones con la fuerza pública y otras instituciones del Estado, porque alegan que no les brindan las garantías de seguridad que pide la comunidad, también por vínculos que según constantes denuncias de la la misma Comunidad la Brigada XVII historicamente ha tenido con grupos paramilitares.

Con el paso del tiempo, La Comunidad de Paz comenzó a articular varias estrategias de resistencia, resiliencia y autoprotección. Ellxs tienen claro: la unión es protección. Y por eso trabajan la para construir esa unión, cada día y a todo nivel: social, económico, ecológico, educativo, cultural y espiritual, además de internacional. En primer lugar, el trabajo comunitario: hacer las mingas, jornadas laborales colectivas donde familias enteras siembran, cosechan y comparten los frutos. Eso garantiza que nadie pase hambre y refuerza los lazos entre todxs – el tejido social. De ahí nació la apuesta por la soberanía alimentaria: producir lo propio para no depender del mercado ni de ayuda externa, algo vital cuando las carreteras estaban bloqueadas por retenes ilegales y se hizo imposible llegar a los mercados.

Más tarde, adoptaron la agroecología: dejar los químicos, conservar semillas nativas, cuidar el suelo y el agua, trabajar en armonía con la naturaleza. No solo es una técnica, es un gesto político, y colaboran con emprendimientos como Lush Cosmetics, quienes se convirtieron en socios internacionales para comprarle a la Comunidad un cacao más ecológico y respetuoso con el medioambiente para la producción de jabones.

El cultivo de cacao orgánico se volvió otro pilar de su resistencia. Los y las campesinas de la Comunidad de Paz lo siembran en sistemas que cuidan la biodiversidad, lo fermentan, lo secan y lo venden bajo comercio justo. Hoy ese cacao es su principal fuente de ingresos y también un símbolo de autonomía; demuestra que se puede vivir del campo sin destruirlo. Las ganancias permiten sostener proyectos en educación, salud y mejoras comunitarias.

La memoria y la cultura tienen un papel clave en el camino de la Comunidad de Paz. Recordar a las víctimas, hacer caminatas por los sitios donde ocurrieron crímenes, sembrar árboles, pintar murales, cantar, contar historias y producir obras de teatro comunitario — todo eso mantiene viva la identidad campesina y refuerza la comunidad. Tienen espacios físicos como mausoleos o cementerios propios para honrar a quienes han caído, y esas acciones son resistentes por sí solas. Hacen acciones de memoria, como el via crucis que realizan en Semana Santa, recordando a sus seres queridos, o diferentes estructuras espirituales: hacer memoria es pasar por el corazón.

Hoy, uno de los retos más grandes para la comunidad es el tema de la tierra. Mientras sigue habiendo amenazas de grupos armados ilegales que provoca desplazamientos en la región, se instala la problemática del extractivismo. Empresas de palma, minería o ganadería buscan quedarse con el territorio, prometiendo desarrollo, pero en realidad ponen en riesgo la autonomía de la comunidad y destruyen la naturaleza. La Comunidad de Paz defiende su territorio en contra de planes de una carretera que pasaría por sus terrenos y que según las denuncias de la Comunidad carece de una planificación legal, resistencia que ha provocado ataques violentos y hasta asesinatos en contra de la Comunidad.

Aun cuando la comunidad recibió un reconocimiento, e incluso una disculpa pública, del mismo Estado y medidas de protección del Sistema Interamericano de Derechos Humanos , reciben amenazas, vigilancia y hostigamientos: intentos de intimidación para que se alineen o dejen el terreno. Ponen a la población civil en la zona en contra de la Comunidad, lo que provoca su aislamiento . Pero sus integrantes se mantienen fieles a sus métodos pacíficos de resistencia. Siguen firmes con sus principios de no violencia y neutralidad, defienden su territorio, se apoyan entre ellxs y hacen visible su lucha ante organizaciones nacionales e internacionales. Saben que la violencia cambió de forma, pero el riesgo sigue ahí. Por eso se enfrentan a la violencia a su manera: defienden la tierra, cuidan el agua, reforestan y perseveran en su proyecto de vida colectivo, siempre respetando el principio de no violencia.

La tierra se trabaja en familia y comunidad. Cada familia tiene su parcela, pero hay terrenos comunes y actividades colectivas en las que todos participan. Los alimentos o el pancoger se reparten entre las familias conforme a sus necesidades, y el excedente se comparte o se vende colectivamente. Los ingresos del cacao y otros productos permiten financiar proyectos comunes. Este modelo demuestra que la cooperación es más fuerte que el egoísmo. Permiten que los y las jóvenes puedan trabajar y les dan un jornal, para que puedan tener sus ingresos y que cada unx pueda ayudar a su familia. Esto también crea un relevo generacional para que la comunidad pueda seguir muchos años.

En educación, los niños y niñas aprenden mucho más que a leer o escribir: aprenden a vivir como comunidad y a resistir. Desde muy pequeñxs conocen sus derechos, la historia de su pueblo y cómo cuidar la tierra. Las niñas tienen un papel clave: participan en la escuela, ayudan en los cultivos y en proyectos comunitarios, lideran actividades y cuidan la memoria de la comunidad, aprendiendo a ser fuertes, responsables y cuidadoras de su territorio. La cultura, la música, el teatro, las artesanías y la memoria diaria se convierten en formas de educar, resistir y construir sentido de pertenencia. Siempre son transparentes con las infancias; en ningún momento les ocultan ningún evento catastrófico ni nada relevante que haya pasado en la comunidad. Eso es parte de seguir manteniendo viva la memoria histórica.

Finalmente, la soberanía alimentaria les permitió no solo resistir, sino vivir con dignidad. En los momentos más duros, cuando la comida no llegaba y los caminos estaban cerrados, la comunidad se alimentaba con lo que producía. Sus huertas y cultivos diversificados aseguraron que nadie pasara hambre y fortalecieron su independencia económica y política. El trabajo en la tierra se transformó en un acto de vida.

Así, en la Comunidad de Paz de San José de Apartadó, sembrar no es solo cultivar alimentos, sino sembrar vida, resistencia y esperanza. Cada huerta, cada grano de cacao, cada aula, cada caminata por la memoria es un recordatorio de que la paz se construye día a día, con esfuerzo colectivo, cuidado de la tierra y compromiso de proteger a la comunidad para las futuras generaciones. Allí, donde la violencia intentó borrar la esperanza, la vida sigue creciendo, y la paz huele a cacao, a tierra mojada y a dignidad campesina.

Bajo Calima: Territorio de Resistencia y Esperanza en Medio del Conflicto

Por Gwendolina Gerard, brigadista de terreno (2025)

Historia del Bajo Calima

Ubicado entre el Pacífico colombiano y la cuenca del río San Juan, el Bajo Calima es una región rica en biodiversidad y cultura, habitada históricamente por comunidades afrocolombianas y pueblos originarios, especialmente los del pueblo Wounaan Nonam. Este territorio ha sido durante décadas un escenario de disputa entre intereses económicos, presencia estatal limitada y una grave conflictividad armada.

Bajo Calima, acompañamiento a CIJP en junio 2025

 

La región ha vivido una prolongada violencia estructural y territorial, marcada por la expansión de grupos armados ilegales como el ELN, el Frente Jaime Martínez, las AGC y otros actores, asociados al narcotráfico. Esto ha dejado profundas huellas sociales, incluyendo desplazamientos forzados, confinamientos y asesinatos.

Zonas de Reservas Campesinos y Resguardos Indígenas

Los consejos comunitarios de las comunidades afrocolombianas comenzaron a constituirse después de la Ley Nº70 de 1993, la cual reconoce entre varios derechos el de la propiedad colectiva y el uso de la tierra, estableciendo además algunos mecanismos para la protección y el desarrollo de los derechos a la identidad cultural. Bajo este marco legal también, paralelamente, los pueblos originarios como los Wounaan han mantenido sus resguardos, como el de Santa Rosa de Guayacán y Pichimá Quebrada, como espacios de autonomía y resistencia.1

El Resguardo Humanitario de Santa Rosa de Guayacán, comunidad indígena Wounaan Nonam ubicado en la cuenca del río Calima, cuenta con la Medida Cautelar 355-10 de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) desde 2011 y con una sentencia de la jurisdicción civil especializada en restitución de tierras de Cali que sigue sin ser cumplida (R-001 de febrero de 2023). A pesar de esta protección, continúan enfrentando amenazas, control armado y aislamiento.

En este contexto, cabe resaltar las afectaciones que han vivido otras comunidades de la ribera del río Calima y del litoral San Juan, como el Consejo Comunitario de Cabeceras y el Resguardo Wounaan de Pichimá Quebrada. El Resguardo Wounaan de Pichimá Quebrada (Chocó), ha sufrido múltiples desplazamientos (2004, 2011, 2017, 20212) por enfrentamientos entre diferentes grupos armados legales e ilegales3. En sus retornos, la comunidad denuncia la ausencia del Estado y la falta de garantías del acceso a la salud, educación y vivienda. Efectivamente, en el último retorno en el 2023 la comunidad retornó a un territorio de crisis humanitaria, sin alimentación, atención médica, sin garantías de protección y libre movilidad, lo cual afecta por ejemplo a lxs estudiantes que necesitan navegar por el río muchas horas hasta llegar a sus clases4. Su situación refleja el abandono institucional incluso en el marco de los Comités de Justicia Transicional de la Ley de Víctimas (Ley 1448 de 2011).

El Consejo Comunitario de Cabeceras y otras comunidades afrocolombianas, que funcionan como espacios humanitarios con propiedad colectiva también se encuentran vulnerables al control de actores armados, sin una atención del Estado5.

Situación Actual: Entre la Violencia y la Esperanza

El 2023 marcó un punto de inflexión cuando el Gobierno de Colombia y el ELN designaron el Bajo Calima/Bajo San Juan como el primer territorio de paz en el marco de sus diálogos6. Aunque esta declaración trajo consigo caravanas humanitarias, audiencias de verificación y mayor presencia institucional, las comunidades hoy en día siguen enfrentando amenazas reales.

Los grupos armados ejercen control sobre los territorios, las rutas fluviales y terrestres, afectando el acceso a servicios básicos. En Santa Rosa de Guayacán, por ejemplo, un bebé murió recientemente por no poder acceder a atención médica debido a las restricciones de movilidad impuestas por actores ilegales7. Las disputas territoriales por los grupos armados organizados (GAO) que actúan bajo la ausencia del Estado en la zona, impusieron la restricción del transporte fluvial, por lo cual no pudieron llevar el bébé a Buenaventura para acudir a un centro médico. Su muerte vislumbra la inhumanidad que supone la falta de respeto del Derecho Internacional Humanitario (DIH).

En abril 2025 al menos 44 familias de la comunidad Nueva Esperanza se han visto obligadas a desplazarse de La Esperanza en Bajo Calima hacia La Colonia en el casco urbano de Buenaventura como consecuencia de los enfrentamientos entre los grupos armados ELN y el Estado Mayor Central.8 Adicionalmente, en el mismo mes La Defensoría del Pueblo alertó sobre la situación de confinamiento y riesgo de desplazamiento de 247 familias9.

Ver los enfrentamientos como un continuum de violencia nos ayuda a aclarar sobre las dinámicas del conflicto entre el Bajo Calima y Buenaventura. Buenaventura y sus zonas rurales están bajo la influencia de bandas urbanas como Shottas, Espartanos, La Empresa y Los Chiquillos. Estas bandas controlan el territorio y las familias, cuentan dentro de su modus operandi el reclutamiento de niños, niñas y adolescentes (NNA), extorsiones y homicidios selectivos contra la población civil, mientras desarrollan actividades de narcotráfico. Los GAO que tienen presencia en el Bajo Calima tienen alianzas con las diferentes bandas de Buenaventura, la violencia motivada por los mismos intereses económicos es continua en estos dos territorios10, y fuentes de la zona comentan que varios grupos insurgentes y disidentes estarían operando en la zona, disputándose el control territorial, especialmente sobre rutas de tráfico y zonas de explotación de recursos naturales, en alianzas estratégicas con carteles mexicanos.

PBI ha estado presente en el río Calima, Buenaventura (Valle de Cauca) desde hace varios años, a través de nuestro acompañamiento a la Comisión Intereclesial de Justicia y Paz (CIJP), quien a su vez acompaña y asesora varias comunidades en la cuenca del rio San Juan.

Acompañamiento a CIJP en Bajo Calima en junio 2025

En junio 2025 PBI acompañó a CIJP al Consejo Comunitario de Cabeceras para el festival de conmemoración del retorno y en Pichimá Quebrada nos recibieron para el desarrollo de un taller realizado por CIJP y finalmente en Puerto Chichila acompañamos a CIJP a llevar ayuda humanitaria11. Allí fuimos testigos de la agudización fuerte del conflicto que viven las comunidades, que presencian enfrentamientos y confinamiento.

En el festival de conmemoración del retorno, Consejo Comunitario de Cabeceras

El Bajo Calima sigue siendo un territorio resiliente y su gente sigue resistiendo. Pese a la violencia, sus pueblos originarios y afrodescendientes continúan apostando por la vida, la autonomía y la paz. Generadas por las mujeres, las artesanías representan una fuente de ingresos, pero también buscan generar proyectos productivos creando Pomuna, una marca de remedios naturales que extraen y destilan a partir de plantas medicinales. No obstante, no han podido seguir tejiendo sus mostacillas ni canastas de fibra de chontaduro, por la imposibilidad de conseguir nuevo material debido a las restricciones a la movilidad, y la comercialización de Pomuna ha sido más difícil por la reglamentación que se les imponen.

1https://pbicolombiablog.org/2017/02/16/paz-para-quien/

Proteger el territorio colectivo: Consejo Comunitario La Plata, Bahía Málaga

González Tapia Yoxmara

El pasado 4 de febrero Brigadas Internacionales de Paz (PBI), acompañó a la Asociación de Investigación y Acción Social (NOMADESC) a la realización de la Misión Humanitaria en el Consejo Comunitario de La Plata, localizado en Bahía Málaga en el distrito de Buenaventura, Valle del Cauca. Durante esta jornada en donde hubo presencia de instituciones del gobierno así como de la sociedad civil y de observación internacional, se dio a conocer la grave situación de riesgo que enfrentan las comunidades que conforman este Consejo: La Plata, La Sierpe, Magaña y Miramar; comunidades negras que han enfrentado el despojo territorial y la violencia de los grupos armados presentes en la zona1.

Consejo Comunitario Bahía Málaga. Fotografía: Yoxmara G. Tapia

Realizando una relatoría histórica de las transformaciones, logros, retos y preocupaciones que el Consejo Comunitario de La Plata ha tenido que enfrentar desde su conformación, sus integrantes dieron cuenta de la serie de violencias estructurales que han transitado; desde la construcción de la Base Militar Málaga sobre su territorio ancestral colectivo en los años 80, hasta la falta de acciones preventivas para salvaguardar la vida de sus principales líderes quienes han sido amenazados por su labor de defensa de DDHH.

A seis meses de esta visita que tuvo como intención establecer compromisos y acciones concretas que detengan los riesgos que ya señalaba la Alerta Temprana 039-232, emitida el pasado diciembre de 2023 por la Defensoría del Pueblo, donde además de brindar un panorama sobre la situación en la zona rural y urbana de Buenaventura que confirmó la presencia de diversos grupos ilegales que disputan el territorio de Bahía Málaga, y a la recién emisión de las medidas cautelares3 para algunos liderazgos del Consejo emitidas por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), ha sido difícil dar avance a tres aspectos imprescindibles para las comunidades negras que conforman dicho Consejo: el derecho al territorio, garantías de seguridad y desarrollo comunitario.

Territorio del Consejo Comunitario Bahía Málaga. Fotografía: Yoxmara Tapia

Desde la historia ancestral del Consejo de La Plata, este territorio guarda el ombligo de todas y todos sus habitantes, lo que construye y fortalece la memoria comunitaria frente a los despojos históricos que han vivido. De acuerdo con las voces de algunos integrantes, la historia surge desde el doloroso proceso colonial, pasando por la lucha contra la esclavitud y actualmente frente al racismo estructural. Sin embargo, dos de los hechos más recientes que han vulnerado su derecho al territorio son: la instalación de una Base Naval en 1984 y la violación a su derecho a la consulta previa mediante la Resolución 15014 (04 agosto de 2010) en donde el Ministerio de Ambiente reconoce el Parque Natural Urambá- Bahía Málaga e incluye en ella todas las islas, islotes y bajos marianos5, aspecto que no reflejan los acuerdos establecidos desde el Consejo.

Por otro lado, la ubicación geográfica del Consejo de La Plata, forma parte de un corredor comercial en donde el control de grupos ilegales ha afectado las dinámicas comunitarias y ha generado riesgo a muchos de los liderazgos de la región. El accionar de estos grupos como las incursiones ocurridas en el mes de enero6, dan cuenta de los intereses sobre este territorio ya que no sólo brinda movilidad y conexión entre el puerto de Buenaventura, el litoral de San Juan y el Bajo Calima, también es un espacio rico en biodiversidad y una zona considerada estratégica para el desarrollo de proyectos como un puerto de aguas profundas. Esta situación se refleja en las ya mencionadas medidas cautelares, sin embargo aún hay muchos pendientes en materia de seguridad ya que los esquemas ofrecidos por el Estado no suelen ser culturalmente adecuados y no fortalecen una perspectiva colectiva: es importante entender que los liderazgos sociales se ejercen y viven en colectivo

A pesar de este escenario, el Consejo Comunitario de La Plata, continua impulsando proyectos comunitarios de protección, fortalecimiento y conservación ambiental. Han elaborado alternativas ecoturísticas que incluyen el reconocimiento de labores tradicionales como el de las mujeres piangüeras, incentivando la permanencia en el territorio e impulsando la organización colectiva de manera intergeneracional. Para las comunidades que conforman este Consejo, la continuidad de su ancestralidad es tan importante que aspectos como la educación y salud no se conciben sin las prácticas, saberes y memoria cultural que se conservan, por ello la labor que realiza el Consejo de La Plata, es un referente en Colombia para la construcción de paz y vida digna desde los territorios.

En la pasada Misión Humanitaria del 5 y 6 de febrero de 2024 se emitieron 21 recomendaciones jurídicas, de prevención, seguridad y paz, dirigidas a diferentes organismos y niveles del Gobierno Colombiano, con la finalidad de proteger la vida y el territorio de estas comunidades negras que viven en resistencia frente a la violencia. De ellas se destaca la urgencia por dar avance a mecanismos de seguridad colectivos bucando como uno de sus fines garantizar la reactivación de las actividades económico-productivas de la comunidad (pesca, recolección de piangüa, agricultura y turismo) que permiten el sostén de la población mediante la seguridad desde el respeto al Derecho Internacional Humanitario (DIH) por parte de la fuerza pública presente en la zona y finalmente, una mesa interinstitucional que brinde una clarificación jurídica urgente que permita recuperar la autonomía y ancestralidad territorial.

Misión Humanitaria Bahía Málaga. Fotografía: NOMADESC

Por ello, desde Brigadas Internacionales de Paz, nos solidarizamos con las preocupaciones que, NOMADESC junto con el Consejo Comunitario de La Plata, han expresado y trasladado en diferentes escenarios a nivel nacional e internacional. Las comunidades negras de La Plata saben que conocer su historia es defender la vida y su territorio, por ello es indispensable proteger su labor que permite vislumbrar un desarrollo comunitario y colectivo que contribuye a la construcción de paz y autonomía desde la lucha antirracista.

1Redacción BLU Radio, «Grupos ilegales atemorizan a comunidades de la Plata, Bahía Málaga», https://www.bluradio.com/regiones/pacifico/grupos-ilegales-atemorizan-a-comunidades-de-la-plata-en-bahia-malaga-buenaventura-rg10

2Alerta Temprana 039-23, Defensoría del Pueblo: https://alertastempranas.defensoria.gov.co/Alerta/Details/91897

5Pág 15, de la Resolución 19/24 de 8 de abril de 2024

6Redacción, “Líderes comunitarios de Bahía Málaga denuncian incursión de un grupo armado ilegal”, 23 de enero 2024, Vsitado: 19 de febrero de 2024:https://www.elespectador.com/colombia/cali/lideres-comunitarios-de-bahia-malaga-denuncian-incursion-de-un-grupo-armado-ilegal/

Tras dos años de desplazamiento la comunidad Wounaan tuvo la alegría de pasar las festividades de fin de año en su tierra, en el Resguardo Santa Rosa de Guayacán

Subimos las últimas marchas antes de llegar al punto de encuentro, en Dagua, las mochilas llenas de material para un par de días y el corazón de ilusión. Hoy es el retorno oficial de la comunidad Wounaan Nonam a su Resguardo Santa Rosa de Guayacán, en el Bajo Calima, Valle del Cauca. Descubrimos una multitud en la plaza frente a la iglesia, todas las familias están esperando los últimos preparativos, con la presencia de la policía y de varias otras instituciones. En compañía de la Comisión de Justicia y Paz (JyP), acompañada por PBI, y que apoyó a la comunidad junto a la Oficina del Alto Comisionado para la Paz (OACP) para su proceso de retorno (fuente), saludamos al Gobernador de la comunidad y, rápidamente, colgamos nuestras banderas en las chivas ya cargadas y a punto de salir.

Apenas un par de minutos después, las chivas arrancan en medio de los gritos de alegría de la comunidad. Rumbo, el puerto de Calima, donde cargarán las lanchas.

A la hora del atardecer, la última lancha llega finalmente al   resguardo bajo las aclamaciones de toda la comunidad ya instalando su campo para la noche. Este año, por fin, toda la comunidad podrá celebrar las festividades de fin de año en casa.

Desde su último desplazamiento en 2021, la comunidad Wounaan nunca ha dejado de intentar volver a su territorio. Tras esta salida forzada por amenazas (fuente) y operaciones contra-insurgentes (fuente) de las AGC contra el ELN (fuente), se quedaron seis meses en Buenaventura, en fuertes condiciones de hacinamiento,
insalubridad e inseguridad (fuente); hasta que la diócesis de Cali encontrara un lugar para ellos en Dagua. Allí vivieron hasta diciembre de 2023 (fuente).

Cabe recordar que el plan de retorno de la comunidad viene a raíz de algunos elementos: en diciembre de 2022, durante la primera mesa de negociación entre el Gobierno nacional y el ELN, se acordó un
eje humanitario que cree “refugios libres de actores armados donde pueda salvaguardarse la población […] y garantice el retorno de desplazados” a partir de enero de 2023 y con prioridad para el Bajo Calima (Valle del Cauca) y el Medio San Juan (Chocó)” (fuente). En línea con este acuerdo parcial, la política de Paz total del gobierno colombiano busca retomar los puntos del Acuerdo Final de 2016 que prestan “especial atención a los derechos fundamentales […] de los grupos sociales vulnerables como son los pueblos indígenas, y […] de los desplazados por razones del conflicto” (fuente). En este contexto, la OACP, que tiene por mandato asesorar, liderar, coordinar y participar en la formulación y el desarrollo de la
política de paz (fuente), da prioridad al retorno de esta comunidad antes de fin de año (fuente); dando esperanza para que este caso posibilite otros retornos exitosos de otras comunidades hermanas indígenas y negras del Calima, Bajo Calima y San Juan. (fuente)

Sin embargo, a lo largo de este proceso, el camino ha sido largo y sigue siendo sembrado de escollos. Según el Decreto Ley 4635 de 2011, y de conformidad con los Principios Rectores de los  desplazamientos internos de las Naciones unidas (fuente), el Estado tiene la responsabilidad de garantizar “las condiciones para el retorno a los territorios de las comunidades […] en condiciones de seguridad, voluntariedad y dignidad” (fuente). La voluntad de construir la paz en medio de un conflicto armado que todavía no se ha terminado se enfrenta a la complejidad de cumplir estos criterios en un contexto volátil. Si la voluntad de la comunidad se ha manifestado a través de una firme determinación, la seguridad del territorio sigue frágil por ser una zona de tránsito de los grupos armados y por la falta de condiciones dignas de las viviendas del resguardo.

Así, ante la falta de asistencia institucional para la comunidad (fuente), la JyP la apoya al presentar una tutela que llega a una sentencia del juez de restitución de tierras, el 13 de febrero de 2023 (fuente), en la que se reconoce la calidad de víctima del conflicto armado interno a la Comunidad Wounaan Nonam, y se ordena dar seguimiento e implementar planes correspondiendo a la labor de cada institución. Más precisamente, la Agencia Nacional de Tierras (ANT), la Unidad de Víctimas (UARIV), la Dirección de Consulta previa del Ministerio del Interior, la Unidad Nacional de Protección (UNP), y también la Procuraduría, la Defensoría, la Personería Buenaventura, la Unidad de Restitución de Tierras (UAEGRTD) y el Bienestar Familiar (ICBF) tienen que cumplir sus metas en un plazo de pocos meses con la perspectiva de fortalecer las medidas cautelares emitidas por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos a la comunidad el 3 de junio de 2011 (fuente). Según esta misma sentencia de 2023, la fuerza pública que tiene jurisdicción en la zona, entre otras, la Brigada de Infantería de Marina No. 2 y el Batallón Fluvial No. 24, tendrán que brindar seguridad y vigilancia, en acuerdo con las autoridades de la Comunidad Wounaan. Por último, los ministerios del Ambiente y Desarrollo Sostenible, de Salud, de Vivienda y de Educación tendrán que coordinarse con la comunidad para asegurar su desarrollo sostenible (fuente).

Sin embargo, en una inspección in situ al resguardo el 4 de julio de 2023, el mismo juez de restitución de tierras observó que ninguna de las instituciones implicadas había cumplido con los compromisos
ordenados (fuente). De hecho, el plan de retorno colectivo de las familias fue diseñado por ellas mismas sin más ayuda que el apoyo de JyP (fuente). Todo ello en un territorio en el cual la institucionalidad se observa casi exclusivamente por la presencia de la fuerza pública. A pesar de que varias de las instituciones civiles mencionadas en la sentencia generaron una fuerte atención mediática alrededor del evento, las familias comentan que todavía están esperando que el Estado cumpla sus deberes al respecto. Su seguridad alimentaria aún no está asegurada y todavía les faltan siete meses de mercado hasta que puedan cosechar los frutos de sus siembras y plantaciones.

En 2023, la comunidad Wounaan pudo celebrar las festividades de fin de año en su tierra, con toda la alegría y la esperanza de poder volver a permanecer en su territorio definitivamente. Con las
preocupaciones ante la situación crítica en la que todavía se encuentran, esperamos que este éxito se siga concretando a lo largo de este año con todo el debido acompañamiento del Estado. JyP seguirá observando los avances y visibilizando las necesidades de las familias para su vida y su seguridad, contando con el acompañamiento y la observación internacional de PBI.