Memoria y resistencia en el Nordeste Antioqueño

 El pasado 3 de agosto la Corporación Acción Humanitaria por la Convivencia y la Paz del Nordeste Antioqueño (Cahucopana) inauguró su primera Casa de la Memoria en Lejanías (Antioquia) y conmemoró la masacre de Altos de Manila y Cañaveral en Cancha Manila, un caserío ubicado en la vereda Altos de Manila y a unos 40 minutos de Lejanías. PBI estuvo allí.

La primera vez que “Rayito” fue desplazado corría el año 1966. Después de que su madre fuera asesinada por paramilitares en el Chocó, Braulio Enrique Gracia trató de empezar de nuevo en una finca cercana a Puerto Berrío (Antioquia).  En 1989 fue forzado, otra vez, a desplazarse por el mismo grupo armado[1]. Así llegó “Rayito” al Nordeste Antioqueño. En esta región, a inicios de los años 2000, Rayito participó en la creación de los comités de acción humanitaria, germen de lo que sería la Corporación Cahucopana[2], en cuya fundación estuvo implicado.

Treinta años después de su llegada, “Rayito” sigue viviendo en Lejanías, la comunidad que lo alojó y que él mismo ayudó a nacer. También sigue participando del comité de acción humanitaria de la vereda. “Rayito” sigue resistiendo y trabajando por la defensa del territorio junto a su comunidad. Y treinta años después, la Casa de la Memoria de Lejanías lleva su nombre.

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Braulio Enrique Gracia «Rayito», miembro de Cahucopana

La Casa de la Memoria Braulio Enrique Gracia

Desde el exterior, la casa es como todas las casas de Lejanías: tablas de madera desnuda, un porche, un pequeño patio con algunos árboles frutales que dan sombra. Pero desde que “Rayito” desvela la placa, visiblemente emocionado, esta es a partir de hoy la Casa de la Memoria Braulio Enrique Gracia. Por dentro, este es un espacio de memoria para una región que vivió en sus carnes el embate del conflicto armado.

En las paredes, una línea histórica resume el recorrido de Cahucopana en el Nordeste Antioqueño desde su nacimiento, los ataques que ha sufrido y su proceso de resistencia. Asimismo, aloja una galería de imágenes que hace homenaje a las víctimas de ejecuciones extrajudiciales[3]. Las fotografías recuerdan que entre 2004 y 2009, 18 campesinos fueron asesinados por soldados del Ejército Nacional en esta región[4].

En una de ellas, una mujer sostiene una foto de su hijo. Se llamaba Sigfredo. Luis Sigifredo Castaño Patiño, campesino de la vereda Caño Tigre, miembro de la Junta de Acción Comunal de su comunidad y del Comité de Cahucopana. Fue asesinado hace 14 años cuando se preparaba para participar en una reunión del comité de acción humanitaria. No llegó al encuentro. Mientras estaba todavía en su casa, arribaron los soldados del pelotón «Demoledor Número 1» al mando del Teniente Blanquised, del Batallón Calibio, XIV Brigada del Ejército Nacional. Lo sacaron de su vivienda y lo asesinaron. Su cuerpo fue vestido de camuflado para hacerlo pasar como un guerrillero muerto en combate, a pesar de que Sigifredo tenía una discapacidad en uno de sus brazos[5].

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Para Cristy Lozano, responsable del área de memoria y víctimas de Cahucopana, las Casas de la Memoria pretenden “[reconstruir] la memoria histórica, colectiva e individual de las comunidades minero campesinas (…) que han estado en medio de un largo conflicto político, social y armado, además, con la idea de dar a conocer lo sucedido para que los hechos victimizantes no vuelva a ocurrir y la sociedad en general conozca la verdad construida desde la voz de las víctimas”.

Sin embargo, esta Casa no sólo hace un ejercicio de Memoria al interior de sus muros sino también en el exterior, en el Jardín de la Memoria. En este jardín cada persona presente en la inauguración del espacio plantó un árbol en conmemoración de las víctimas. Como parte de sus procesos de resistencia, de su lucha por la vida, la libertad y el territorio que habitan, la Memoria se mantiene viva a través de la generación de más vida en su territorio.

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Cristy Lozano (Cahucopana)

Masacre de Altos de Manila y Cañaveral de 1983

Entre el 4 y 12 de agosto de 1983 unos 30 miembros de un grupo paramilitar liderado por Fidel Castaño perpetraron una masacre contra campesinos y campesinas y trabajadores de la minería de las veredas Cañaveral y Altos de Manila. Retuvieron a un grupo de personas y bajo la acusación de ser parte de la guerrilla las mataron[6]. Hoy, a 36 años de la masacre, las comunidades de Altos de Manila y Cañaveral, junto a Cahucopana, pudieron honrar a las víctimas.

Como parte de su proceso de construcción de Memoria, se realizó un acto conmemorativo. En este acto se recordó el nombre de cada una de las personas asesinadas que pudieron ser identificadas, se instaló una placa recordatoria en la esquina de la cancha alrededor de la cual se ha desarrollado la comunidad y, al igual que Lejanías, se plantaron árboles en ese mismo espacio en Memoria de cada una de las víctimas de la masacre.

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Se desconoce el número total de personas asesinadas, ya que algunas fueron arrojadas a los ríos Manila, Tamar y Mulatos y otras fueron mutiladas. Solamente pudieron ser identificadas 20 personas, 17 varones y tres mujeres, cuatro de ellas eran niños, niñas o adolescentes. En pocos casos las personas fueron asesinadas con armas de fuego, pues la mayoría de ellas fueron asesinadas con objetos punzantes, contundentes y elementos asfixiantes[7]. Quienes no perdieron la vida pero presenciaron la masacre, tuvieron que huir hacia las ciudades de Segovia y Remedios[8].

De acuerdo al testimonio de las y los habitantes de estas veredas, varios militares del Batallón Bomboná hacían parte del grupo de victimarios. Además, los paramilitares habrían utilizado dos camiones que el Ejército pidió prestados a un particular y la compañía minera Frontino Gold Mines, y un tercer vehículo de un minero de la región, Óscar López, alias Relámpago[9].

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Según Cristy Lozano, el acto no es meramente simbólico.“La memoria histórica [de] la lucha y la resistencia de las comunidades rurales nos permite identificar los mecanismos y formas organizativas creadas para defender los derechos humanos, la permanencia en el territorio y la construcción de la vida digna”[10].

Como en Lejanías, en Altos de Manila la comunidad decide plantar árboles en conmemoración de las víctimas, al igual que en Lejanías, la comunidad elige conservar  viva la Memoria a través de la generación de más vida en su territorio.

Diego Lantero y Jessica García

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Notas de pie

[1] Según testimonio de Rayito

[2]  Cristina Lozano, Cahucopana.

[3] Si bien el término “ejecuciones extrajudiciales” hace referencia a “la privación arbitraria de la vida por parte de agentes del Estado, o con la complicidad, tolerancia o aquiescencia de éstos, sin un proceso judicial o legal que lo disponga” (Henderson, 2006), en este caso se refiere al asesinato de civiles con fin de hacer pasar a las víctimas como bajas en combate. No hay datos claros sobre el número total de víctimas de este tipo de ejecuciones extrajudiciales en Colombia.  Más información al respecto en: Colombiacheck: Explicador: Cuántos son los casos de ‘falsos positivos’, 16 de abril 2019

[4]Cahucopana: Publicación en Facebook, 3 de agosto de 2019.

[5] Cahucopana: Publicación en, Facebook, 7 de agosto de 2019.

[6] Rutas del conflicto: Masacre de Cañaveral y Altos de Manila

[7] Ibid.

[8] De acuerdo al último informe de ACNUR (2019): Tendencias Globales 2018, “Colombia siguió reportando el mayor número de población desplazada internamente con 7.816.500 al cabo de 2018, de acuerdo con las estadísticas del Gobierno. Durante 2018 se reportaron 118.200 nuevos desplazamientos”

[9] Rutas del conflicto: Masacre de Cañaveral y Altos de Manila

[10]  Cristina Lozano, Cahucopana.

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