El Alto Guayabal resiste

Verdad y Memoria en el Bajo Atrato – Capítulo 2

Para su segunda edición, la Comisión Intereclesial de Justicia y Paz (J&P) eligió el territorio del Resguardo Ambiental Humanitario So Bia Drua, en la cuenca del rio Jiguamiandó́, Chocó. Un territorio ancestral que enfrenta nuevas confrontaciones armadas y control de actores ilegales.

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El río Jiguamiandó

También viajaron y participaron muchas personas entre las cuales lideres y lideresas sociales provenientes de diferentes regiones del país, ex-comandantes paramilitares y de las ex-FARC, integrantes retirados de la Fuerza Pública y miembros del Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición (SIVJRNR).

En esta edición, hubo un enfoque importante del tema ambiental y protección del entorno, se organizaron caminatas ambientales para conocer y conectarse con los territorios, símbolo de la resistencia de las comunidades. Luego, se dedico a trabajar el tema de la verdad el cual es uno de los componentes fundamentales de los Festivales de la Memoria. Verdad relatada por la gente que ha vivido en su propia piel la barbaridad y la lógica perversa de un conflicto comenzado hace más de medio siglo y que, a pesar del Acuerdo de Paz firmado en 2016 con la guerrilla de las FARC-EP, todavía no cesa de vaciar de contenido los derechos fundamentales de la gente a la vida, a la libertad y a la seguridad[1]. Una temática que fue también priorizada en este encuentro fue la desaparición forzada; y el Resguardo Ambiental Humanitario So Bia Drua fue el lugar escogido para honrar a los más de 80.000 desparecidos del país y para celebrar la memoria de los territorios que defienden la vida[2].

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La caminata ambiental llevó a las y los participantes hasta el Cerro Cara de Perro, en lengua Embera JaiKatumá, sitio sagrado donde reposan los espíritus de los y las indigenas y donde nacen los ríos que bañan sus tierras y alimentan la vida de sus comunidades. Lugares que han sido testigos de una resistencia audaz en contra de la empresa Muriel Mining Corporation que en 2005 se aseguró la concesión de 16.000 hectáreas para la exploración y explotación de una mina de cobre, oro y otro minerales[3]. Por varios meses más de 1000 indígenas y afrodescendientes ocuparon día y noche la cumbre del Cerro Sagrado, para impedir el aterrizaje de los helicópteros de la empresa. En esta lucha dispar para proteger sus territorios en contra de los grandes intereses económicos del país, fallecieron cinco niños debido a la crisis humanitaria que sufren las comunidades[4]. Y fue en estos mismos lugares donde empezamos a recuperar memoria. La memoria ancestral de una comunidad que vive en armonía con Dayira Drua (Madre Tierra) y que a través de un rito sagrado del Jaibaná pidió el permiso de trabajar su tierra y acogernos en sus territorios.

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Sin embargo, con este Festival la apuesta no es solamente a la memoria, sino también a la verdad que contribuye a construir esta memoria. Por esta razón la segunda parte del Festival fue el momento para sentarse y escuchar tanto las voces de todas las personas, que a pesar de la violencia y del dolor para la desaparición de sus seres queridos han logrado “cambiar lagrimas por sonrisas” y siguen apostándole a la paz[5]. Esto se da cuando la voz de los ex-combatientes y militares, que procuran restituir la verdad a las victimas del conflicto. En un esfuerzo difícil de imaginarse, estas personas decidieron mirarse a los ojos para contar y escuchar una verdad dura y así contribuir a la construcción de una paz basada en el reconocimiento y la reconciliación. Una paz construida en los territorios que, en estos momentos y en cada día, reafirman su dignidad en la lucha para la creación de un país diferente, donde sus derechos sean plenamente respetados.

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Así como empezamos, terminamos el recorrido en otro sitio sagrado, el cementerio del Resguardo Ambiental Humanitario So Bia Drua donde la comunidad enterró a sus cincos seres queridos desaparecidos entre 1999 y 2000. Bajo un aguacero incesante cruzamos caminando todas y todos juntos el rio Jiguamiandó, en una expresión de vida y colectividad que emocionaba hasta las lagrimas. Y allí conmemoramos  a todas las personas que han sido desaparecidas en el marco del conflicto armado y de la violencia soicopolítica y llenamos nuestros corazones de esperanza para la construcción de una Colombia en paz.

Aprovechamos este articulo para recordar particularmente al joven líder indígena , Leonardo Bailarin del resguardo Embera de Jaibia Corredocito, quien falleció el pasado  1 de agosto de 2019 por una mordedura de serpiente. Nos acompaño en nuestro recorrido durante el festival de la memoria. En este enlace se puede ver su testimonio.

Arianna Francescato y Aurore Choquet

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Arianna
** Foto de portada: Cortesía de Daniel Acevedo (Contagio Radio)
Notas de pie

[1]  Artículo 3 de La Declaración Universal de Derechos Humanos

[2] Cifras del Centro Nacional de Memoria Historíca

[3] ABColombia: Corte reafirmó suspensión de proyecto muriel, 22 de mayo 2012

[4] Alfredo Molano Bravo en El Espectador: La socia Mandé Norte, 24 de enero 2009

[5] Lema de la Asociación de mujeres AINI  del Rio Naya

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