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Mujeres en el Bajo Atrato: constructoras de paz, protectoras del territorio

por Francesca Nugnes, representante Europea de PBI Colombia

A 29 años de la Operación Septiembre Negro(*), las comunidades del Curvaradó y Jiguamiandó siguen enfrentando control armado, despojo territorial y abandono estatal. En esta entrevista, la Comisión Intereclesial de Justicia y Paz, analiza la situación actual y destaca el rol fundamental de las mujeres en la defensa de la vida, el territorio y la construcción de paz.

(*) Equipo Nizkor. Informe sobre la compañía frutera Banacol, implicada en el acaparamiento de tierras y paramilitarismo. Disponible en: https://www.derechos.org/nizkor/colombia/doc/banacol.html

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Introducción

A casi tres décadas de la Operación Septiembre Negro, las comunidades negras, mestizas e indígenas de las cuencas de los ríos Curvaradó y Jiguamiandó, en el Bajo Atrato chocoano, continúan viviendo las consecuencias del desplazamiento forzado, el despojo territorial y la violencia armada1.

En este contexto de profunda crisis humanitaria, las mujeres han desempeñado un rol central y sostenido en la defensa de la vida, el territorio y el ambiente. Desde la creación de mecanismos colectivos de autoprotección, como las Zonas Humanitarias y de Biodiversidad2, hasta la reciente inauguración de la Casa de las Mujeres, su trabajo ha sido clave para sostener la resistencia comunitaria y abrir caminos de cuidado, memoria y construcción de paz.

En esta entrevista, Yohana López, Subsecretaria Ejecutiva de la Comisión de Justicia y Paz, reflexiona sobre la situación actual de las comunidades del Bajo Atrato, sus incansables esfuerzos para la construcción de Paz, los desafíos que plantea el control armado, los procesos de diálogo con grupos armados ilegales y la urgente necesidad de avances en las políticas de prevención y protección individual y colectiva para las personas defensoras de derechos humanos y ambientales, poniendo especial énfasis en la experiencia organizativa y el liderazgo de las mujeres en el territorio.

A 29 años de la Operación Septiembre Negro: una crisis que persiste

PBI: En el mes de noviembre, la Comisión invitó a la comunidad internacional, instituciones estatales y gubernamentales de Colombia y a PBI a dos días de conmemoración3 de los 29 años de la Operación Septiembre Negro, que, a través de asesinatos selectivos, masacres y terror ocasionó el desplazamiento de miles de personas de las cuencas de los ríos Curvaradó y Jiguamiandó (Bajo Atrato – Chocó). ¿Cuál es la situación actual de las comunidades que habitan hoy estos territorios?

Yohana López: La situación actual de las comunidades negras y mestizas de las cuencas del Bajo Atrato, en especial Jiguamiandó y Curvaradó, es lamentable. Después de años de resistencia en defensa de la vida y el territorio, de sentencias a su favor por la sistemática violación de derechos humanos, de dos procesos de paz con las AUC4 y las FARC – EP5, y de tres años de un gobierno progresista que prometía el cambio de una política tradicional alejada de los territorios más afectados por el conflicto social y armado, su situación es crítica. Están sometidos al control socio-territorial de la estructura armada ilegal del autodenominado Ejército Gaitanistas de Colombia (EGC), quienes ejercen como única autoridad e implementan un modelo socioeconómico extractivista y desconocedor de los derechos fundamentales de los habitantes ancestrales.

(inauguración de la Casa de las Mujeres, Jiguamiandó, noviembre 2025)

La Casa de las Mujeres: organización, cuidado y construcción de paz

PBI: Durante la conmemoración, se realizó también la inauguración de la Casa de las Mujeres. ¿En qué consiste este espacio y qué destacas de esta experiencia?

Yohana López: La Casa de las Mujeres, de acogida y diálogo para la paz, es un logro y un reconocimiento al trabajo organizativo de las mujeres y a su papel fundamental en la defensa de la vida, el ambiente y la construcción de paz. Es un lugar de encuentro, diálogo, formación, esparcimiento y construcción colectiva de afrontamiento y superación de los traumas que la violencia ha dejado en las vidas de las mujeres, sus familias y la comunidad.

Destaco de esta iniciativa que surgió y es liderada por las mismas mujeres de la asociación ASOMUJIGUA. Era un deseo pospuesto que se logra gracias a su persistencia. Este espacio les permitirá compartir y estrechar la unidad en torno al mejoramiento de sus vidas con dignidad, libertad y fortaleza.

(inauguración de la Casa de las Mujeres, Jiguamiandó, noviembre 2025)

Zonas Humanitarias y de Biodiversidad: proteger la vida y el ambiente

PBI: Estos territorios se han caracterizado por el surgimiento, hace más de dos décadas, de formas de autoprotección colectiva —de las personas y del ambiente— totalmente innovadoras y pioneras, como las Zonas Humanitarias y de Biodiversidad. ¿En qué consisten estos mecanismos? ¿Cómo han logrado salvar vidas y contribuir a la defensa ambiental?

Yohana López: Las Zonas Humanitarias y las Zonas de Biodiversidad son mecanismos de protección de la vida y el ambiente. La Zona Humanitaria es la figura que, sobre la base del principio de distinción de la población civil, se creó como una zona delimitada y visibilizada exclusiva para la defensa de la vida de civiles en medio de la confrontación armada, la acción paramilitar, de guerrillas y el abuso de la fuerza por parte de la Fuerza Pública.

La Zona de Biodiversidad es el mecanismo que se crea como resistencia y conservación ambiental ante la expansión acelerada del monocultivo de palma y banano, la extracción maderera y la ganadería extensiva, siendo este modelo económico el foco del desplazamiento y despojo de tierras en las cuencas del Jiguamiandó y Curvaradó. Además, la Zona de Biodiversidad es el mecanismo que posibilita el retorno de las familias a sus fincas, aun sin garantías del Estado colombiano.

Diálogos con el EGC: dudas, riesgos y exclusión de las comunidades

PBI: Uno de los grupos armados ilegales que mayormente ejerce su control en estos territorios del Bajo Atrato es el autodenominado EGC6. A pocos días del anuncio del cierre del segundo ciclo de “diálogo” con el Gobierno en Catar7, ¿cuál es tu valoración de este proceso? ¿En qué medida han sido involucradas las comunidades que habitan estos territorios? ¿Existen mecanismos de monitoreo y acompañamiento que brinden garantías para las comunidades y para las personas defensoras de derechos humanos y del ambiente?

Yohana López: Nuestra valoración parte de la insatisfacción de las comunidades negras, mestizas e indígenas que no se ven reflejadas ni en la postura del Gobierno ni mucho menos en la de las Autodefensas Gaitanistas de Colombia (AGC), ahora autodenominadas EGC. Este territorio ha padecido un conflicto armado y social aún sin resolver, dejando un manto de impunidad e injusticia para los pobladores ancestrales, lo cual es pasado por alto al instalar una mesa con un grupo responsable de gran parte de la violencia y la crisis social y humanitaria.

Aún más, se trata de un grupo armado que hoy se impone como autoridad en el territorio, implementando a la fuerza su modelo socioeconómico por encima de la voluntad, la libertad y la autonomía de las comunidades a la autoadministración de sus territorios.

Ciertamente, hay muchas dudas sobre la voluntad real de las partes para avanzar en un proceso que brinde condiciones mínimas de paz y dignidad a estas comunidades, sin que de antemano se tenga claro el marco jurídico de esta negociación, el carácter del grupo armado y su capacidad de mando unificado, el balance de la justicia transicional sobre los graves hechos ocurridos en esta zona, la verdad de los responsables y las garantías de no repetición que aseguren el fin del ciclo de violencia que las AGC han perpetuado ante la inercia estatal.

Ataques a personas defensoras y exigencias al Estado

PBI: En las últimas semanas, la comunidad internacional8,9,10 han alertado sobre múltiples ataques11 en contra de integrantes de la Comisión, varios de ellos en el suroccidente del país. ¿Qué está solicitando la Comisión frente a estos ataques? ¿De qué manera el Estado y el Gobierno deberían reforzar sus políticas y mecanismos de prevención y protección?

Yohana López: Ante todo, requerimos respuestas del Gobierno nacional. Es increíble el silencio y la falta de atención oportuna y eficaz ante el recrudecimiento de la violencia y la falta de seguridad y garantías en general para la población civil, y aún más para quienes ejercemos la misión de la defensa de los derechos humanos en este complejo contexto.

Exigimos lo básico, lo fundamental: poder estar en los territorios con las comunidades sin la presión constante del riesgo sobre nuestra integridad. Exigimos que el Estado y el Gobierno colombiano retomen la autoridad perdida en los territorios, con planes integrales que devuelvan la confianza de la población en sus gobernantes y en sus políticas, que no deben surgir de eruditos en los escritorios de la capital, sino de la realidad tangible de los territorios y de la experiencia de los afectados directos de la violencia.

Volcarse al territorio, escuchar a las comunidades, hacer presencia como autoridades civiles de orden nacional, impulsar la economía sostenible y comunitaria y brindar las condiciones mínimas de vida digna, devolviendo algo de esperanza en medio de la desolación y la soledad de los territorios.

Una política de paz y seguridad que vaya más allá del discurso como bandera político-electoral y de medidas materiales de protección que, lejos de proteger, resultan inútiles ante el crecimiento exponencial de la criminalidad y su control de vastos territorios y sometimiento de las poblaciones.

PBI: Muchas Gracias, Yohana, por compartirnos tus saberes y lecturas.

1 Oidhaco. En el Chocó se agudizan los riesgos para comunidades y procesos organizativos frente a control ejercido por el autodenominado Ejército Gaitanistas de Colombia. 11 de diciembre de 2025. Disponible en: https://www.oidhaco.org/en-el-choco-se-agudizan-los-riesgos-para-comunidades-y-procesos-organizativos-frente-a-control-ejercido-por-el-autodenominado-ejercito-gaitanista-de-colombia-y-la-ausencia-estatal/

2 Estas experiencias colectivas han sido reconocidas incluso en procesos de justicia transicional como la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), donde más de 800 habitantes organizados en estas zonas han sido acreditados como víctimas en el marco del caso sobre la situación territorial de Urabá y el Bajo Atrato. Para más informaciones: https://www.jep.gov.co/Sala-de-Prensa/Paginas/La-JEP-comienza-acreditaci%C3%B3n-de-v%C3%ADctimas-en-las-zonas-humanitarias-de-Jiguamiand%C3%B3-y-Curvarad%C3%B3%2C-Choc%C3%B3.aspx?

3 @Jusiticiaypazcol Conmemoración 29 años afirmando la vida y defendiendo el territorio. Septiembre negro 1996-2025. Disponible en: https://x.com/Justiciaypazcol/status/1989821137824497752?s=20

4 AUC, sigla del grupo paramilitar Autodefensas Unidas de Colombia

5 FARC – Ep: sigla del grupo guerrillero Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia – Ejercito Popular

6 Ver: Oidhaco. Oidhaco. En el Chocó se agudizan los riesgos para comunidades y procesos organizativos frente a control ejercido por el autodenominado Ejército Gaitanistas de Colombia. 11 de diciembre de 2025.

7 Ibid.

8 Organización Mundial contra la Tortura (OMCT). Colombia. La escalada de violencia en el suroccidente pone en riesgo la protección de los derechos humanos. 10 de diciembre de 2025. Disponible en: https://www.omct.org/es/recursos/declaraciones/colombia-la-escalada-de-violencia-en-el-suroccidente-pone-en-riesgo-la-protecci%C3%B3n-de-los-derechos-humanos

9 Taula Catalana para la Paz y los derechos humanos en Colombia. Comunicado por los graves ataques contra la Comisión Intereclesial de Justicia y Paz, 16 de diciembre de 2025. Disponible en: https://www.taulacolombia.org/es/comunicado-por-los-graves-ataques-contra-la-comision-intereclesial-de-justicia-y-paz/

10 Global Witness. Press Release. Global Witness condemns attacks against colombian defenders in Cauca and Valle del Cauca, 16 de diciembre de 2025. Disponible en: https://globalwitness.org/en/press-releases/global-witness-condemns-attacks-against-colombian-defenders-in-cauca-and-valle-del-cauca/

11 Comisión Intereclesial de Justicia y Paz. Informe. Deterioro de la seguridad en los territorios aumenta el riesgo de la labor en la defensa de los derechos humanos en el suroccidente colombiano. 2 de diciembre de 2025. Disponible en: https://www.justiciaypazcolombia.com/informe-deterioro-de-la-seguridad-en-los-territorios-aumenta-el-riesgo-de-la-labor-en-la-defensa-de-los-dd-hh-suroccidente-colombiano/

Bajo Calima: Territorio de Resistencia y Esperanza en Medio del Conflicto

Por Gwendolina Gerard, brigadista de terreno (2025)

Historia del Bajo Calima

Ubicado entre el Pacífico colombiano y la cuenca del río San Juan, el Bajo Calima es una región rica en biodiversidad y cultura, habitada históricamente por comunidades afrocolombianas y pueblos originarios, especialmente los del pueblo Wounaan Nonam. Este territorio ha sido durante décadas un escenario de disputa entre intereses económicos, presencia estatal limitada y una grave conflictividad armada.

Bajo Calima, acompañamiento a CIJP en junio 2025

 

La región ha vivido una prolongada violencia estructural y territorial, marcada por la expansión de grupos armados ilegales como el ELN, el Frente Jaime Martínez, las AGC y otros actores, asociados al narcotráfico. Esto ha dejado profundas huellas sociales, incluyendo desplazamientos forzados, confinamientos y asesinatos.

Zonas de Reservas Campesinos y Resguardos Indígenas

Los consejos comunitarios de las comunidades afrocolombianas comenzaron a constituirse después de la Ley Nº70 de 1993, la cual reconoce entre varios derechos el de la propiedad colectiva y el uso de la tierra, estableciendo además algunos mecanismos para la protección y el desarrollo de los derechos a la identidad cultural. Bajo este marco legal también, paralelamente, los pueblos originarios como los Wounaan han mantenido sus resguardos, como el de Santa Rosa de Guayacán y Pichimá Quebrada, como espacios de autonomía y resistencia.1

El Resguardo Humanitario de Santa Rosa de Guayacán, comunidad indígena Wounaan Nonam ubicado en la cuenca del río Calima, cuenta con la Medida Cautelar 355-10 de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) desde 2011 y con una sentencia de la jurisdicción civil especializada en restitución de tierras de Cali que sigue sin ser cumplida (R-001 de febrero de 2023). A pesar de esta protección, continúan enfrentando amenazas, control armado y aislamiento.

En este contexto, cabe resaltar las afectaciones que han vivido otras comunidades de la ribera del río Calima y del litoral San Juan, como el Consejo Comunitario de Cabeceras y el Resguardo Wounaan de Pichimá Quebrada. El Resguardo Wounaan de Pichimá Quebrada (Chocó), ha sufrido múltiples desplazamientos (2004, 2011, 2017, 20212) por enfrentamientos entre diferentes grupos armados legales e ilegales3. En sus retornos, la comunidad denuncia la ausencia del Estado y la falta de garantías del acceso a la salud, educación y vivienda. Efectivamente, en el último retorno en el 2023 la comunidad retornó a un territorio de crisis humanitaria, sin alimentación, atención médica, sin garantías de protección y libre movilidad, lo cual afecta por ejemplo a lxs estudiantes que necesitan navegar por el río muchas horas hasta llegar a sus clases4. Su situación refleja el abandono institucional incluso en el marco de los Comités de Justicia Transicional de la Ley de Víctimas (Ley 1448 de 2011).

El Consejo Comunitario de Cabeceras y otras comunidades afrocolombianas, que funcionan como espacios humanitarios con propiedad colectiva también se encuentran vulnerables al control de actores armados, sin una atención del Estado5.

Situación Actual: Entre la Violencia y la Esperanza

El 2023 marcó un punto de inflexión cuando el Gobierno de Colombia y el ELN designaron el Bajo Calima/Bajo San Juan como el primer territorio de paz en el marco de sus diálogos6. Aunque esta declaración trajo consigo caravanas humanitarias, audiencias de verificación y mayor presencia institucional, las comunidades hoy en día siguen enfrentando amenazas reales.

Los grupos armados ejercen control sobre los territorios, las rutas fluviales y terrestres, afectando el acceso a servicios básicos. En Santa Rosa de Guayacán, por ejemplo, un bebé murió recientemente por no poder acceder a atención médica debido a las restricciones de movilidad impuestas por actores ilegales7. Las disputas territoriales por los grupos armados organizados (GAO) que actúan bajo la ausencia del Estado en la zona, impusieron la restricción del transporte fluvial, por lo cual no pudieron llevar el bébé a Buenaventura para acudir a un centro médico. Su muerte vislumbra la inhumanidad que supone la falta de respeto del Derecho Internacional Humanitario (DIH).

En abril 2025 al menos 44 familias de la comunidad Nueva Esperanza se han visto obligadas a desplazarse de La Esperanza en Bajo Calima hacia La Colonia en el casco urbano de Buenaventura como consecuencia de los enfrentamientos entre los grupos armados ELN y el Estado Mayor Central.8 Adicionalmente, en el mismo mes La Defensoría del Pueblo alertó sobre la situación de confinamiento y riesgo de desplazamiento de 247 familias9.

Ver los enfrentamientos como un continuum de violencia nos ayuda a aclarar sobre las dinámicas del conflicto entre el Bajo Calima y Buenaventura. Buenaventura y sus zonas rurales están bajo la influencia de bandas urbanas como Shottas, Espartanos, La Empresa y Los Chiquillos. Estas bandas controlan el territorio y las familias, cuentan dentro de su modus operandi el reclutamiento de niños, niñas y adolescentes (NNA), extorsiones y homicidios selectivos contra la población civil, mientras desarrollan actividades de narcotráfico. Los GAO que tienen presencia en el Bajo Calima tienen alianzas con las diferentes bandas de Buenaventura, la violencia motivada por los mismos intereses económicos es continua en estos dos territorios10, y fuentes de la zona comentan que varios grupos insurgentes y disidentes estarían operando en la zona, disputándose el control territorial, especialmente sobre rutas de tráfico y zonas de explotación de recursos naturales, en alianzas estratégicas con carteles mexicanos.

PBI ha estado presente en el río Calima, Buenaventura (Valle de Cauca) desde hace varios años, a través de nuestro acompañamiento a la Comisión Intereclesial de Justicia y Paz (CIJP), quien a su vez acompaña y asesora varias comunidades en la cuenca del rio San Juan.

Acompañamiento a CIJP en Bajo Calima en junio 2025

En junio 2025 PBI acompañó a CIJP al Consejo Comunitario de Cabeceras para el festival de conmemoración del retorno y en Pichimá Quebrada nos recibieron para el desarrollo de un taller realizado por CIJP y finalmente en Puerto Chichila acompañamos a CIJP a llevar ayuda humanitaria11. Allí fuimos testigos de la agudización fuerte del conflicto que viven las comunidades, que presencian enfrentamientos y confinamiento.

En el festival de conmemoración del retorno, Consejo Comunitario de Cabeceras

El Bajo Calima sigue siendo un territorio resiliente y su gente sigue resistiendo. Pese a la violencia, sus pueblos originarios y afrodescendientes continúan apostando por la vida, la autonomía y la paz. Generadas por las mujeres, las artesanías representan una fuente de ingresos, pero también buscan generar proyectos productivos creando Pomuna, una marca de remedios naturales que extraen y destilan a partir de plantas medicinales. No obstante, no han podido seguir tejiendo sus mostacillas ni canastas de fibra de chontaduro, por la imposibilidad de conseguir nuevo material debido a las restricciones a la movilidad, y la comercialización de Pomuna ha sido más difícil por la reglamentación que se les imponen.

1https://pbicolombiablog.org/2017/02/16/paz-para-quien/

LA “PAZ TOTAL” FRENTE A LA REALIDAD TERRITORIAL

El nuevo presidente de Colombia, Gustavo Petro, definió desde su toma de posesión que la política de la “Paz Total” sería una de las prioridades de su agenda. Esta política busca la apertura de diálogos y la desmovilización de todas las estructuras armadas ilegales. Desde entonces, cuatro de estos grupos declararon un cese al fuego[1] y, en noviembre de 2022, se reinstaló una mesa de negociaciones con la guerrilla del ELN (Ejército de Liberación Nacional)[2], suspendida durante el Gobierno de Iván Duque. Asimismo, está previsto un proyecto de ley para el sometimiento a la justicia de otras estructuras armadas que el Gobierno define como “grupos criminales de alto impacto”, que carecerían de carácter político y, en el que estarían incluidas estructuras sucesoras del paramilitarismo, como las Autodefensas Gaitanistas de Colombia (AGC) [3]

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Guacamayas: “El simple hecho de mantenerse en el territorio”

En el Cerro Plateado de la cordillera occidental de Antioquia nace el río Atrato. Este río, que recorre su camino a lo largo de los departamentos del Chocó y Antioquia hasta su desembocadura en el golfo de Urabá, es uno de los ríos más abundantes de la zona, y una irrefutable fuente de vida. Aunque también es uno de los lugares más golpeados por el conflicto armado. En particular, la zona del Bajo Atrato y la subregión de Urabá, donde se encuentran registradas cerca de 429.820 víctimas de desplazamiento forzado, despojo de tierras y asesinatos selectivos, entre otras graves violaciones de derechos humanos.

El actuar de industrias bananeras, palmeras y mineras, vinculadas a actores armados, contribuyó a despojar a las comunidades étnicas de sus tierras, ante graves omisiones estatales en términos de garantías de protección. El despojo que han sufrido las comunidades del Bajo Atrato ha tenido como denominador común el atropello de sus derechos ancestrales e impactos medioambientales en sus territorios. Así como la violencia dirigida contra líderes y lideresas reclamantes de tierras, como Mario Castaño, asesinado hace cinco años, el 26 de noviembre de 2017, en su finca ubicada en las cuencas de la Larga y Tumaradó (Bajo Atrato).

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Volvimos, estamos: somos Génesis

Las Operaciones Génesis y Cacarica: frente al horror, una historia de resistencia

La región del Bajo Atrato, en el noroccidente colombiano, ha sido un enclave particularmente azotado por la violencia y el conflicto armado. Según la Unidad de Víctimas, en la región, se encuentran registradas cerca de 429.820 víctimas de desplazamiento forzado, despojo de tierras y asesinatos selectivos, entre otros[1]. Uno de los hechos más cruentos, que marcó para siempre la historia de las comunidades afrocolombianas del río Atrato, tuvo lugar en la cuenca de Cacarica. La Operación Génesis, ejecutada entre el 24 y 27 de febrero de 1997 fue una ofensiva encabezada por el General Rito Alejo del Río, comandante de la Brigada XVII del Ejército, coordinada con el grupo paramilitar Autodefensas Unidas de Colombia (Bloque Elmer Cárdenas), con el pretexto de retomar zonas controladas por la guerrilla de las FARC-EP[2]. Paralelamente y en operaciones conjuntas con las Fuerzas Militares[3], el grupo paramilitar Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (ACCU), inició la Operación Cacarica, atravesando el río Atrato hasta incursionar en las cuencas del Salaquí, Truandó y Perancho[4].

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