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Bajo Calima: Territorio de Resistencia y Esperanza en Medio del Conflicto

Por Gwendolina Gerard, brigadista de terreno (2025)

Historia del Bajo Calima

Ubicado entre el Pacífico colombiano y la cuenca del río San Juan, el Bajo Calima es una región rica en biodiversidad y cultura, habitada históricamente por comunidades afrocolombianas y pueblos originarios, especialmente los del pueblo Wounaan Nonam. Este territorio ha sido durante décadas un escenario de disputa entre intereses económicos, presencia estatal limitada y una grave conflictividad armada.

Bajo Calima, acompañamiento a CIJP en junio 2025

 

La región ha vivido una prolongada violencia estructural y territorial, marcada por la expansión de grupos armados ilegales como el ELN, el Frente Jaime Martínez, las AGC y otros actores, asociados al narcotráfico. Esto ha dejado profundas huellas sociales, incluyendo desplazamientos forzados, confinamientos y asesinatos.

Zonas de Reservas Campesinos y Resguardos Indígenas

Los consejos comunitarios de las comunidades afrocolombianas comenzaron a constituirse después de la Ley Nº70 de 1993, la cual reconoce entre varios derechos el de la propiedad colectiva y el uso de la tierra, estableciendo además algunos mecanismos para la protección y el desarrollo de los derechos a la identidad cultural. Bajo este marco legal también, paralelamente, los pueblos originarios como los Wounaan han mantenido sus resguardos, como el de Santa Rosa de Guayacán y Pichimá Quebrada, como espacios de autonomía y resistencia.1

El Resguardo Humanitario de Santa Rosa de Guayacán, comunidad indígena Wounaan Nonam ubicado en la cuenca del río Calima, cuenta con la Medida Cautelar 355-10 de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) desde 2011 y con una sentencia de la jurisdicción civil especializada en restitución de tierras de Cali que sigue sin ser cumplida (R-001 de febrero de 2023). A pesar de esta protección, continúan enfrentando amenazas, control armado y aislamiento.

En este contexto, cabe resaltar las afectaciones que han vivido otras comunidades de la ribera del río Calima y del litoral San Juan, como el Consejo Comunitario de Cabeceras y el Resguardo Wounaan de Pichimá Quebrada. El Resguardo Wounaan de Pichimá Quebrada (Chocó), ha sufrido múltiples desplazamientos (2004, 2011, 2017, 20212) por enfrentamientos entre diferentes grupos armados legales e ilegales3. En sus retornos, la comunidad denuncia la ausencia del Estado y la falta de garantías del acceso a la salud, educación y vivienda. Efectivamente, en el último retorno en el 2023 la comunidad retornó a un territorio de crisis humanitaria, sin alimentación, atención médica, sin garantías de protección y libre movilidad, lo cual afecta por ejemplo a lxs estudiantes que necesitan navegar por el río muchas horas hasta llegar a sus clases4. Su situación refleja el abandono institucional incluso en el marco de los Comités de Justicia Transicional de la Ley de Víctimas (Ley 1448 de 2011).

El Consejo Comunitario de Cabeceras y otras comunidades afrocolombianas, que funcionan como espacios humanitarios con propiedad colectiva también se encuentran vulnerables al control de actores armados, sin una atención del Estado5.

Situación Actual: Entre la Violencia y la Esperanza

El 2023 marcó un punto de inflexión cuando el Gobierno de Colombia y el ELN designaron el Bajo Calima/Bajo San Juan como el primer territorio de paz en el marco de sus diálogos6. Aunque esta declaración trajo consigo caravanas humanitarias, audiencias de verificación y mayor presencia institucional, las comunidades hoy en día siguen enfrentando amenazas reales.

Los grupos armados ejercen control sobre los territorios, las rutas fluviales y terrestres, afectando el acceso a servicios básicos. En Santa Rosa de Guayacán, por ejemplo, un bebé murió recientemente por no poder acceder a atención médica debido a las restricciones de movilidad impuestas por actores ilegales7. Las disputas territoriales por los grupos armados organizados (GAO) que actúan bajo la ausencia del Estado en la zona, impusieron la restricción del transporte fluvial, por lo cual no pudieron llevar el bébé a Buenaventura para acudir a un centro médico. Su muerte vislumbra la inhumanidad que supone la falta de respeto del Derecho Internacional Humanitario (DIH).

En abril 2025 al menos 44 familias de la comunidad Nueva Esperanza se han visto obligadas a desplazarse de La Esperanza en Bajo Calima hacia La Colonia en el casco urbano de Buenaventura como consecuencia de los enfrentamientos entre los grupos armados ELN y el Estado Mayor Central.8 Adicionalmente, en el mismo mes La Defensoría del Pueblo alertó sobre la situación de confinamiento y riesgo de desplazamiento de 247 familias9.

Ver los enfrentamientos como un continuum de violencia nos ayuda a aclarar sobre las dinámicas del conflicto entre el Bajo Calima y Buenaventura. Buenaventura y sus zonas rurales están bajo la influencia de bandas urbanas como Shottas, Espartanos, La Empresa y Los Chiquillos. Estas bandas controlan el territorio y las familias, cuentan dentro de su modus operandi el reclutamiento de niños, niñas y adolescentes (NNA), extorsiones y homicidios selectivos contra la población civil, mientras desarrollan actividades de narcotráfico. Los GAO que tienen presencia en el Bajo Calima tienen alianzas con las diferentes bandas de Buenaventura, la violencia motivada por los mismos intereses económicos es continua en estos dos territorios10, y fuentes de la zona comentan que varios grupos insurgentes y disidentes estarían operando en la zona, disputándose el control territorial, especialmente sobre rutas de tráfico y zonas de explotación de recursos naturales, en alianzas estratégicas con carteles mexicanos.

PBI ha estado presente en el río Calima, Buenaventura (Valle de Cauca) desde hace varios años, a través de nuestro acompañamiento a la Comisión Intereclesial de Justicia y Paz (CIJP), quien a su vez acompaña y asesora varias comunidades en la cuenca del rio San Juan.

Acompañamiento a CIJP en Bajo Calima en junio 2025

En junio 2025 PBI acompañó a CIJP al Consejo Comunitario de Cabeceras para el festival de conmemoración del retorno y en Pichimá Quebrada nos recibieron para el desarrollo de un taller realizado por CIJP y finalmente en Puerto Chichila acompañamos a CIJP a llevar ayuda humanitaria11. Allí fuimos testigos de la agudización fuerte del conflicto que viven las comunidades, que presencian enfrentamientos y confinamiento.

En el festival de conmemoración del retorno, Consejo Comunitario de Cabeceras

El Bajo Calima sigue siendo un territorio resiliente y su gente sigue resistiendo. Pese a la violencia, sus pueblos originarios y afrodescendientes continúan apostando por la vida, la autonomía y la paz. Generadas por las mujeres, las artesanías representan una fuente de ingresos, pero también buscan generar proyectos productivos creando Pomuna, una marca de remedios naturales que extraen y destilan a partir de plantas medicinales. No obstante, no han podido seguir tejiendo sus mostacillas ni canastas de fibra de chontaduro, por la imposibilidad de conseguir nuevo material debido a las restricciones a la movilidad, y la comercialización de Pomuna ha sido más difícil por la reglamentación que se les imponen.

1https://pbicolombiablog.org/2017/02/16/paz-para-quien/

Tras dos años de desplazamiento la comunidad Wounaan tuvo la alegría de pasar las festividades de fin de año en su tierra, en el Resguardo Santa Rosa de Guayacán

Subimos las últimas marchas antes de llegar al punto de encuentro, en Dagua, las mochilas llenas de material para un par de días y el corazón de ilusión. Hoy es el retorno oficial de la comunidad Wounaan Nonam a su Resguardo Santa Rosa de Guayacán, en el Bajo Calima, Valle del Cauca. Descubrimos una multitud en la plaza frente a la iglesia, todas las familias están esperando los últimos preparativos, con la presencia de la policía y de varias otras instituciones. En compañía de la Comisión de Justicia y Paz (JyP), acompañada por PBI, y que apoyó a la comunidad junto a la Oficina del Alto Comisionado para la Paz (OACP) para su proceso de retorno (fuente), saludamos al Gobernador de la comunidad y, rápidamente, colgamos nuestras banderas en las chivas ya cargadas y a punto de salir.

Apenas un par de minutos después, las chivas arrancan en medio de los gritos de alegría de la comunidad. Rumbo, el puerto de Calima, donde cargarán las lanchas.

A la hora del atardecer, la última lancha llega finalmente al   resguardo bajo las aclamaciones de toda la comunidad ya instalando su campo para la noche. Este año, por fin, toda la comunidad podrá celebrar las festividades de fin de año en casa.

Desde su último desplazamiento en 2021, la comunidad Wounaan nunca ha dejado de intentar volver a su territorio. Tras esta salida forzada por amenazas (fuente) y operaciones contra-insurgentes (fuente) de las AGC contra el ELN (fuente), se quedaron seis meses en Buenaventura, en fuertes condiciones de hacinamiento,
insalubridad e inseguridad (fuente); hasta que la diócesis de Cali encontrara un lugar para ellos en Dagua. Allí vivieron hasta diciembre de 2023 (fuente).

Cabe recordar que el plan de retorno de la comunidad viene a raíz de algunos elementos: en diciembre de 2022, durante la primera mesa de negociación entre el Gobierno nacional y el ELN, se acordó un
eje humanitario que cree “refugios libres de actores armados donde pueda salvaguardarse la población […] y garantice el retorno de desplazados” a partir de enero de 2023 y con prioridad para el Bajo Calima (Valle del Cauca) y el Medio San Juan (Chocó)” (fuente). En línea con este acuerdo parcial, la política de Paz total del gobierno colombiano busca retomar los puntos del Acuerdo Final de 2016 que prestan “especial atención a los derechos fundamentales […] de los grupos sociales vulnerables como son los pueblos indígenas, y […] de los desplazados por razones del conflicto” (fuente). En este contexto, la OACP, que tiene por mandato asesorar, liderar, coordinar y participar en la formulación y el desarrollo de la
política de paz (fuente), da prioridad al retorno de esta comunidad antes de fin de año (fuente); dando esperanza para que este caso posibilite otros retornos exitosos de otras comunidades hermanas indígenas y negras del Calima, Bajo Calima y San Juan. (fuente)

Sin embargo, a lo largo de este proceso, el camino ha sido largo y sigue siendo sembrado de escollos. Según el Decreto Ley 4635 de 2011, y de conformidad con los Principios Rectores de los  desplazamientos internos de las Naciones unidas (fuente), el Estado tiene la responsabilidad de garantizar “las condiciones para el retorno a los territorios de las comunidades […] en condiciones de seguridad, voluntariedad y dignidad” (fuente). La voluntad de construir la paz en medio de un conflicto armado que todavía no se ha terminado se enfrenta a la complejidad de cumplir estos criterios en un contexto volátil. Si la voluntad de la comunidad se ha manifestado a través de una firme determinación, la seguridad del territorio sigue frágil por ser una zona de tránsito de los grupos armados y por la falta de condiciones dignas de las viviendas del resguardo.

Así, ante la falta de asistencia institucional para la comunidad (fuente), la JyP la apoya al presentar una tutela que llega a una sentencia del juez de restitución de tierras, el 13 de febrero de 2023 (fuente), en la que se reconoce la calidad de víctima del conflicto armado interno a la Comunidad Wounaan Nonam, y se ordena dar seguimiento e implementar planes correspondiendo a la labor de cada institución. Más precisamente, la Agencia Nacional de Tierras (ANT), la Unidad de Víctimas (UARIV), la Dirección de Consulta previa del Ministerio del Interior, la Unidad Nacional de Protección (UNP), y también la Procuraduría, la Defensoría, la Personería Buenaventura, la Unidad de Restitución de Tierras (UAEGRTD) y el Bienestar Familiar (ICBF) tienen que cumplir sus metas en un plazo de pocos meses con la perspectiva de fortalecer las medidas cautelares emitidas por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos a la comunidad el 3 de junio de 2011 (fuente). Según esta misma sentencia de 2023, la fuerza pública que tiene jurisdicción en la zona, entre otras, la Brigada de Infantería de Marina No. 2 y el Batallón Fluvial No. 24, tendrán que brindar seguridad y vigilancia, en acuerdo con las autoridades de la Comunidad Wounaan. Por último, los ministerios del Ambiente y Desarrollo Sostenible, de Salud, de Vivienda y de Educación tendrán que coordinarse con la comunidad para asegurar su desarrollo sostenible (fuente).

Sin embargo, en una inspección in situ al resguardo el 4 de julio de 2023, el mismo juez de restitución de tierras observó que ninguna de las instituciones implicadas había cumplido con los compromisos
ordenados (fuente). De hecho, el plan de retorno colectivo de las familias fue diseñado por ellas mismas sin más ayuda que el apoyo de JyP (fuente). Todo ello en un territorio en el cual la institucionalidad se observa casi exclusivamente por la presencia de la fuerza pública. A pesar de que varias de las instituciones civiles mencionadas en la sentencia generaron una fuerte atención mediática alrededor del evento, las familias comentan que todavía están esperando que el Estado cumpla sus deberes al respecto. Su seguridad alimentaria aún no está asegurada y todavía les faltan siete meses de mercado hasta que puedan cosechar los frutos de sus siembras y plantaciones.

En 2023, la comunidad Wounaan pudo celebrar las festividades de fin de año en su tierra, con toda la alegría y la esperanza de poder volver a permanecer en su territorio definitivamente. Con las
preocupaciones ante la situación crítica en la que todavía se encuentran, esperamos que este éxito se siga concretando a lo largo de este año con todo el debido acompañamiento del Estado. JyP seguirá observando los avances y visibilizando las necesidades de las familias para su vida y su seguridad, contando con el acompañamiento y la observación internacional de PBI.

Guacamayas: “El simple hecho de mantenerse en el territorio”

En el Cerro Plateado de la cordillera occidental de Antioquia nace el río Atrato. Este río, que recorre su camino a lo largo de los departamentos del Chocó y Antioquia hasta su desembocadura en el golfo de Urabá, es uno de los ríos más abundantes de la zona, y una irrefutable fuente de vida. Aunque también es uno de los lugares más golpeados por el conflicto armado. En particular, la zona del Bajo Atrato y la subregión de Urabá, donde se encuentran registradas cerca de 429.820 víctimas de desplazamiento forzado, despojo de tierras y asesinatos selectivos, entre otras graves violaciones de derechos humanos.

El actuar de industrias bananeras, palmeras y mineras, vinculadas a actores armados, contribuyó a despojar a las comunidades étnicas de sus tierras, ante graves omisiones estatales en términos de garantías de protección. El despojo que han sufrido las comunidades del Bajo Atrato ha tenido como denominador común el atropello de sus derechos ancestrales e impactos medioambientales en sus territorios. Así como la violencia dirigida contra líderes y lideresas reclamantes de tierras, como Mario Castaño, asesinado hace cinco años, el 26 de noviembre de 2017, en su finca ubicada en las cuencas de la Larga y Tumaradó (Bajo Atrato).

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2012: Asesinato del líder reclamante de tierra Manuel Ruiz y de su hijo Samir, en Curbaradó

Manuel Ruiz fue uno de los líderes más activos en el proceso de restitución de tierras en las cuencas de los ríos Curbaradó y Jiguamiandó, ubicados en el Bajo Atrato chocoano. Este proceso se enmarcaba dentro del Plan de Choque Seguir leyendo 2012: Asesinato del líder reclamante de tierra Manuel Ruiz y de su hijo Samir, en Curbaradó

Mario Castaño, in memoriam

El 26 de noviembre de 2017 parecía un domingo cualquiera, entre lluvioso y caloroso, en el territorio colectivo de La Larga Tumaradó. Ese día la familia de Mario Castaño, líder de restitución de tierras del Urabá chocoano, se había reunido en su finca para compartir el día juntos. Sin embargo, Seguir leyendo Mario Castaño, in memoriam