Archivo de la categoría: La lucha por la tierra

Persisten amenazas de muerte contra ambientalistas en el Magdalena Medio

El Magdalena Medio, región a la que pertenecen el 6% de las víctimas del conflicto armado colombiano, ha sufrido históricamente graves impactos negativos por el modelo económico extractivista. Hoy, una vez más, sus líderes ambientales y personas defensoras de derechos humanos se encuentran gravemente amenazadas y en riesgo de desplazamiento. Allí donde las comunidades han sufrido la expropiación de sus tierras, la expansión de agronegocios y la explotación de hidrocarburos durante más de un siglo, se extiende una inmensa fauna y flora compuesta por innumerables fuentes hidrícas, ríos y ciénagas. La extracción de petróleo ha ocasionado daños irreparables en ellas, y ha afectado gravemente a comunidades que se han dedicado ancestralmente a la pesca. Además, la economía de enclave del Magdalena Medio, no ha generado beneficios para las comunidades que protegen la región, donde se sufren serias limitaciones en el acceso a los servicios de agua potable y energía.

Recientemente, las organizaciones defensoras de derechos humanos y del medioambiente como la Corporación Regional para la Defensa de los Derechos Humanos (CREDHOS) han conseguido, a través de sus constantes denuncias sobre graves violaciones de derechos humanos, que la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) dirija sus ojos hacia el Magdalena Medio y priorice investigar los crímenes cometidos por la Fuerza Pública en el marco del conflicto armado. A pesar de la importancia de priorizar la región, por las graves afectaciones sufridas en el marco del conflicto armado, es alarmante el riesgo al que, a día de hoy, siguen expuestos los y las integrantes de CREDHOS y organizaciones aliadas como el Comité para la defensa del Agua, la vida y el Territorio (AGUAWIL) y la Federación de Pescadores Artesanales, Ambientales y Turísticos de Santander (Fedepesán). Es por ello, que es ugente esclarecer estos graves hechos para que existan verdaderas garantías de no-repetición en una de las regiones más azotadas por el conflicto armado.

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El pueblo embera en defensa de su territorio sagrado

En el Bajo Atrato, a caballo entre los departamentos de Antioquia y Chocó, el cerro “Careperro” o Jaika tuma, se erige como un lugar sagrado para el pueblo indígena embera eyabida, traducido como “habitantes de las montañas” [1]. El río Atrato, que recorre ambos departamentos y desemboca en el Caribe, está habitado por multitud de comunidades afrocolombianas, mestizas e indígenas, muchas de las cuales son acompañadas por la Comisión de Justicia y Paz (JyP), organización acompañada por PBI desde 1994. Entre estas últimas, a orillas del río Jiguamiandó -ramificación del Atrato- y en las inmediaciones del cerro Jaika Tuma, habitan ocho comunidades[2] del pueblo embera organizadas en el Resguardo Indígena Uradá-Jiguamiandó. Para ellas, el cerro es un lugar sagrado y fuente de vida, entre otras razones, porque es de donde obtienen el agua y los jaibaná –- médicos tradicionales– – se surten de plantas medicinales.

Históricamente, las comunidades étnicas de la región del Bajo Atrato han resistido a los intereses que diversos megaproyectos han tenido sobre sus territorios ancestrales. El actuar de industrias bananeras, palmeras y mineras, que contribuyó en el despojo de las tierras de las comunidades, ha tenido como denominador común el atropello de sus derechos ancestrales, la comisión de graves violaciones de derechos humanos e impactos medioambientales en sus territorios[3]. De hecho, algunas de estas empresas, que fueron una pieza más en el complejo engranaje del conflicto armado, han sido investigadas y, en ocasiones, condenadas por colaborar con grupos paramilitares en la región[4].

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Huber Velásquez, «hoy marchamos por el respeto a la vida y a vivir en nuestro territorio»

Este viernes 17 de diciembre de 2021, fue asesinado el líder social Huber Velásquez en la vereda La Balsa, corregimiento de San José. Los hechos ocurrieronen “la Batea”, lugar que se encuentra a pocos metros de lo que en algún momento fue el estero de su hermano Iván Velásquez, asesinado el 2 de enero de 2002 tras negarse a participar en el cerco alimentario que el ejército utilizaba como estrategia de presión hacia la Comunidad de Paz [1].

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El caminar de las mujeres en la Comunidad de Paz de San José de Apartadó

La Comunidad de Paz de San José de Apartadó situada en la región del Urabá Antioqueño, nació en 1997 en medio de la violencia generada por el conflicto armado. En una proclamación de neutralidad activa [1] y a través del concepto de distinción del DIH, campesinos y campesinas de diferentes veredas se organizaron para firmar una declaración que les identificaba como Comunidad de Paz en rechazo de todos los grupos armados presentes en su territorio. Tras casi 25 años de resistencia pacífica, sigue siendo un modelo inspirador de vida comunitaria que además, ha contribuido a la incorporación de perspectivas sobre la igualdad de género que han permitido una evolución en la participación política y social de las mujeres. Perspectiva que analizamos junto con Sirly Cerpa, quien fue miembro del Consejo Interno durante seis años.

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Entregar la vida, pero no la tierra

La lucha por la tierra para la Comunidad de Paz de San José de Apartadó, como para muchas comunidades campesinas, indígenas y afrocolombianas, ha sido histórica, y lo más central a su existencia.

Hoy en día, la necesidad de defender la tierra es más importante que nunca. El Acuerdo de Paz entre la antigua guerrilla de las FARC-EP y el gobierno colombiano ha tenido como consecuencia la mercantilización de territorios que, a causa del conflicto armado, quedaban fuera de la lógica del mercado. En el caso de la Comunidad de Paz, esto implica defender la tierra frente a empresas mineras que llegaron a la zona con el fin de explotar sus riquezas. En el corregimiento de San José de Apartadó hay varios títulos mineros vigentes[1] y la Comunidad de Paz ha denunciado la penetración constante de las empresas mineras y sus intentos de persuasión a la población local.[2]

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