Entre la tierra firme y el océano

Tarde de domingo, estamos relajados sintiendo la brisa del Pacífico, sentados en el extremo de uno de los muchos puentes de madera que tiene esta parte de la ciudad de Buenaventura. Un hábitat que conecta la tierra firme con el océano, donde el estilo de vida es tan rural como urbano para los miles de habitantes de esta ciudad portuaria. Cada puente es diferente, y el “nuestro” no es cualquiera. Hace parte del primer de los dos Espacios Humanitarios del barrio, este es Puente Nayero.

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Cada puente es diferente. Aquí en el Espacio Humanitario Puente Nayero.

En el ambiente suena música, salsa que se mezcla con los comentarios de los vecinos que se dicen: «Oiga, ¡no trabaje con tanto ruido!”, «¡Hágale pues!», «¡Ay, papi, corte eso!». El puente está animado por los hombres que están trabajando en las casas: las pintan, las sanean, cortan madera…

Estamos junto a una casa verde, brillante. Alcanzamos a ver en su interior una cocina con salón integrado, todo está hecho de madera y parece una obra maestra de carpintería. La casa vecina, está recién acabada, me recuerda a un barco. También vemos las lanchas, bajo los palafitos, que esperan pacientemente a que suba la marea y así sus dueños las desamarren y salgan a pescar.

La brisa crea un clima que me parece simplemente perfecto. Un ambiente para estar relajada y descansar. Algo que es más difícil de concebir en los barrios vecinos, en los que ya está en marcha el proyecto del Malecón Bahía de la Cruz, que pretende incluir también el territorio de los dos Espacios Humanitarios, es decir, el sitio el que estamos ahora, “nuestro” puente en este momento. Escuchamos a los vecinos sobre cómo va a ser el proyecto y nos da la sensación de que no va a haber espacio para disfrutar de la brisa refrescantes, ni para que dejen sus humildes lanchas amarradas en los postes de madera. Nos hablan de la construcción de una carretera, de hoteles, de pavimento y pavimento por todas partes. La ubicación de la gente que vive acá, no se sabe cuál será, tampoco de qué vivirán, porque no podrán salir a pescar.

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Los Espacios humanitarios son iniciativas urbanas que buscan poner un alto a la violación de los derechos humanos desde la no violencia y donde han echado a los neoparamilitares que tenían total dominio del lugar, y eran quienes ejercían violencia, a través de amenazas, desapariciones, torturas y asesinatos.

Poco a poco nos toca despedirnos de «nuestro» puente. Regresamos a tierra firme y dejamos el hábitat y su propio aire acondicionado sostenible y natural. El cambio lo notamos en seguida, con el recibimiento de una ola de calor y humedad que nos hace sudar mientras atravesamos la calle asfaltada para ir al segundo Espacio Humanitario, Punta Icaco – Muelle Ancestral, Interétnico y Cultural de Punta Icaco, inaugurado el mes de octubre. Durante la visita que realizamos, nos enteramos, que esta comunidad busca, como otras zonas de Bajamar, la inclusión en los planes urbanísticos de Buenaventura con propuestas propias de un turismo que incluya su forma de vivir y permita la persistencia de su hábitat.

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PBI Colombia acompaña a la Comisión Intereclesial de Justicia y Paz en Buenaventura y brinda acompañamiento internacional en los Espacios Humanitarios. El primer espacio se creó en abril de 2014.

 Michaela Soellinger, brigadista austriaca de PBI Colombia

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